Divendres, 18 Gener 2019 11:16

Todo igual

La misma cafetería del otro día, la misma gente y la misma mesa. El mismo cortado y la misma empanadilla. 

 

Al mismo hombre de enfrente se le caen otra vez la mismas pastillas.

 

La camarera hace lo mismo y dice lo mismo de aquel día. 

 

Parece todo una repetición. Un bucle. Creo que suena la misma música, es Diana Crall. 

 

Por la avenida del Cid pasan los mismos coches y la misma gente. El sol está a la misma altura y no hay nubes.

 

Es la misma hora. Todo es igual, idéntico, exactamente como el otro día. 

 

Bueno, todo no. Hoy traigo este frío yo, y no es el mismo. Hoy no soy el mismo. Miro todo con la misma atención, pero no busco lo mismo, quizá creo que podrías aparecer en cualquier lugar, tras la ventana aquella, de la mano de esa mujer que cruza la avenida, o corriendo detrás de las palomas que buscan migas de comida bajo las mesas. 

 

Todo parece igual, lo mismo, y lo es pero no lo es, tú ya me entiendes.

 

 

ShiroDani

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Divendres, 18 Gener 2019 11:13

Anti-carta a los Reyes Magos

Nunca pedí nada a los reyes magos, ni lo haré nunca. Jamás creo recordar que les escribiese ni una carta. Ya desde niño aprendí que hay cosas prohibidas para uno y deseos imposibles.

 

Por aquel entonces yo deseaba cosas nada parecidas a las que os pedían la mayoría de los niños. Deseaba yo a una vecina, que mi bici volara, poder nadar por el fondo del mar sin la necesidad de respirar para encontrar tesoros, poder ver desnudas a las chicas como si tuviese rayos X y no quedarme ciego al masturbarme como me repetían que me pasaría, tener para algunas cosas los 18 años, y para otras, seguir siendo el niño que era. Nada, cosas de esas, sencillas, como yo era.

 

Jamás os escribí una carta pidiendo estas cosas que tanto deseaba por miedo a que me tomarais por loco, raro, o os burlarais de mí. Pero… Os imagináis si me las hubierais conseguido, tan sólo una…

 

Crecí (demasiado deprisa) y me di cuenta que de mayor era lo mismo, deseaba y deseo cosas imposibles de tener ni conseguir. Aunque lo único que ha cambiado es que no me importa que piensen que estoy loco o soy raro. Las cosas que deseo las pido, las pido sin temor aunque de antemano sepa que si se me conceden no durarán mucho, eso con suerte, porque la mayoría... para nada, ni olerlas.

 

Pero sigo soñando con cosas imposibles, deseando rarezas como por ejemplo que regrese él por un tiempecito, si no puede ser para siempre. Que aparezca un día, una noche y charlemos un ratito. Que me cuente cómo es aquel lugar donde vive ahora. Que juguemos un rato. Que aparezca con la forma que sea y pueda. Que venga como una rana, pájaro o un pececillo de cualquier estanque de cualquier jardín por donde pasee yo un día. Que regrese.

 

A ver si tenéis cojones reyes magos de concedérmelo. 

 

 

ShiroDani

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Divendres, 14 Desembre 2018 10:52

Entra en la cafetería

Entra en la cafetería como un niño en clase. Allí sólo estamos tres personas. La camarera que, tras él decir buenos días, se pone automáticamente a hacerle un café; hay también un tipo en la barra leyendo el diario, aún calentito y flamante, que es como hay que leerlo, no ya usado, con la mirada de otros sobre las páginas y las esquinas rozadas por otros dedos; y estoy yo, como siempre observando todo. Estamos todos bajo un extraño silencio, como arropados por un nórdico un sábado lluvioso y gris. No sé escucha ni la radio, aunque la pobre se esfuerza emitiendo una sosa canción, pero sin ningún éxito. 

Se sienta él en una mesa del rincón, alejado de la ventana, de espaldas a todo. Saca de una cartera un cuaderno y un estuche con lápices de colores. Los ordena milimétricamente frente a él, a la misma distancia ambos. Saca del estuche la goma de borrar y un lápiz. Los ordena también y se queda sentado, inmóvil y con las manos apoyadas sobre las rodillas. 

Así hasta que la camarera le deja el café sobre la mesa, y él con la misma precisión de antes, sin titubeos, lo coloca a su izquierda. Le pone la mitad del azúcar y gira la cucharilla lentamente. Da un pequeño sorbo, deja la taza sobre el plato, dispone el cuaderno frente a él, coge el lápiz, agacha la cabeza y empieza a dibujar muy lentamente. 

De vez en cuando deja el lápiz a su derecha, correctamente alineado al cuaderno, y ceremonioso, coge por el asa la taza de café y bebe un sorbo, para seguir después dibujando.

Le miro y pienso en la fragilidad de todo. Incluso en la no aparente, la escondida a propósito y por cualquier razón. Creo que es bella toda fragilidad. 

Si así es, ¿por qué todos de alguna manera la ocultamos?

¿Creemos que lo frágil se rompe, acaso?

Le miro y me siento bien. No me cansaría de mirarle. 

Las personas más fuertes que he conocido, siempre fueron las que no ocultaban su fragilidad. 

Gran parte de la belleza está en la fragilidad... Siempre presta a ser asesinada, ensuciada, quebrada, robada o ilusamente poseída. 

Cuando se quiebra lo frágil, un alud invisible e imparable nos atropella, nos traspasa y depende... o nos maravilla, o nos destroza por dentro. 

Dejo de mirarle y miro por la ventana. Allí, en lo alto, sobre una farola, otro ser frágil. 

Por hoy no necesito más. El pecho lo tengo henchido. Aseguro que la vida es lo más frágil, y lo más hermoso. 

 

ShiroDani

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Divendres, 26 Octubre 2018 11:28

En la cafetería

En la cafetería, frente a mí, hay una mujer leyendo. Me enamora la gente que lee sin pestañear. Leer la hace más bella aún de lo que es. Le han traído el café y los dulces, pero sigue leyendo. Conforme pasa el tiempo me gusta más. No quita la vista del libro ni los dedos de la esquina de la página, presta a ser pasada sin pérdida de tiempo. Le noto esa calmada ansia de saber, de seguir viviendo la historia que la mantiene aquí, pero en otro mundo. Me gustaría conocerla, quedar con ella en un lugar donde haya muchos libros. Quedar con ella para hacer el amor, aún sabiendo que no lo haríamos nunca. Porque uno se olvidaría del otro mientras leería algún libro. Me gustaría protagonizar con ella un capítulo de cualquier novela romántica para que alguien lo leyera. Me gustaría conocerla, saber qué cosas lee, qué sueña, qué respira, qué ve cuando mira las cosas. Sigue leyendo. Se le ha enfriado el café. Está tan bella con la mirada fija en el libro... Pero me tengo que ir. Le digo adiós sin decirle nada. Hasta otra historia. Nos vemos quizá en otra cafetería, en alguna historia de algún libro, o quizá en un sueño. 

 

ShiroDani

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Divendres, 26 Octubre 2018 11:24

Mala Pata

Nunca acerté dónde poner nada, dónde estar ni a dónde ir. Todo, siempre, en un sitio equivocado. 

De niño, si alguna puerta se abría o se cerraba, allí estaban mis dedos.

Sí había un agujero en el camino, allí metía el pie Danielillo.

Sí había una mierda en el camino, allí lo apoyaba.

De joven, ¿quién decía la palabra inadecuada, quién estaba donde no había que estar cuando venía la policía?

¿Quién perdía las llaves o el dinero de la compra?

¿Quién se ponía de portero en el fútbol porque no sabía jugar y paraba todos los balones con la cara, quién dejaba la mochila con los libros en el sitio exacto por donde minutos después pasaría algún tipo amable que me la robaría? ¿Quién metía los dedos o las tijeras en los enchufes. 

¿Quién intentaba arreglar las cosas y siempre las estropeaba; sobre qué cabeza caía la única piedra que el más tonto tiraba?

Os imagináis todo esto, pues ahora, imaginar la puntería, en los lugares donde uno puso y pone el corazón.

 

ShiroDani

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Divendres, 05 Octubre 2018 11:18

Muebles La Fábrica

Ahora, aquí, la vida parece no haber cambiado desde hace muchos años. Estoy en una cafetería, en la avenida del Cid. Justo al lado del edificio de Muebles la Fábrica.

No puedo dejar de pensar cuánto tiempo hace, que cada vez que paso por aquí, automáticamente giró la cabeza para ver el edificio.

Ahora, como te decía, lo tengo enfrente. Creo que nunca me he detenido a mirarlo como ahora, con tiempo, sin prisa.

Siempre me he preguntado qué sucederá detrás de esas ventanas, de las transparentes, pero más tras las oscuras; ¿por qué motivo las hizo el arquitecto como rombos?

En los bajos está la tienda de muebles. Por la acera hay poca gente ahora, pero los coches no cesan de pasar por la avenida.

Miro las fincas de al lado. La ropa tendida que hay en algunos balcones. No te gustaría imagen; la ropa tendida contribuye a que sea más desagradable la visión.

Me fijo en la ropa. Son telas desgastadas la mayoría, y sin variedad de colores. Creo que hacen juego con el gris de las fachadas; son prendas desgastadas por el uso, con colores a punto de desaparecer.

Enfrente está la gasolinera. Recuerdo que cuando era joven y tenía moto, veníamos a propósito hasta aquí para poner gasolina. Trabajaba un tipo aquí que, cuando le pagabas, con las monedas, te hacia magia. Las hacia desaparecer y reaparecer en cualquier lugar.

Me fijo ahora en las cosas que la gente tiene en los balcones. Jaulas, sillas amontonadas, bicicletas, macetas con plantas y vacías, aires acondicionados llenos de polvo, antenas parabólicas y de las otras, de esas que parecen esqueletos de peces o de animales por definir, y hay toldos también sucios.

Ahora miro la acera... Rótulos y más rótulos mostrándote, enseñándote, dirigiéndote, aconsejándote y señales de tráfico: Párase, vaya obligatoriamente por aquí, no gire a la derecha, prohibido el paso... Y cables hay cables que parecen no estar, pero que cuando recorres con la vista uno, te das cuenta de la maraña que hay en todas partes.

Contigo comencé a apreciar la belleza y la fealdad en muchas de las cosas. A distinguir ese límite para mí antes difuso.

Bueno, me voy a trabajar un rato. Hasta otra. Decididamente este lugar no es bonito y a ti no te gustaría.

 

ShiroDani

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Divendres, 21 Setembre 2018 11:40

Paquita

Cada día Paquita se sienta en la parada del Autobús.

A los quien le pregunta, le dice ella, que espera a su marido, que se fue al extranjero por no sé qué cosas de la política.

Así cada día. Dice la gente, que la recuerdan haciendo lo mismo desde siempre.

Hoy se ha acercado un caballero y se ha sentado a su lado. Le ha cogido por el hombro y la ha apretado contra sí, mientras le decía: Paquita, mi querida Paquita, soy yo. Estoy aquí. Nunca más estarás sola. Nunca.

Ella le ha mirado y le ha dicho: ¿Usted tiene hijos? Yo no. ¿Sabe? Mi marido se marchó hace mucho. Cuando regrese los tendremos. Tres, tendremos tres. Me gustan los niños. ¿Y a usted, le gustan?

Paquita, soy yo. ¡Mírame!.

Por favor no me entretenga, que puede venir mi marido y tengo que estar atenta.

Paquita... Yo...

Mire, viene otro autobús. Quizá venga en este...

 

Daniel Shiro

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Dijous, 18 Mai 2017 11:41

Diferentes pero iguales

Entran dos personas que claramente son iguales, pero nosotros las vemos diferentes.

Les miro con curiosidad. Tienen esos tics y temblores que lo evidencian. Esa mirada. Ella va a la barra y pide con  dificultad una coca-cola y un café. La camarera tras ver que está ahí inmóvil, le dice que ahora se lo lleva a la mesa, que se siente. Ella está con el billete en la mano como ausente, mirando a ningún lado.

Me golpea una sensación, algo que no sé qué es y yo lo nombró ternura. Me duele ver el esfuerzo que hacen ellos para no llamar la atención, por intentar pasar desapercibidos. Reconocer esto, me hace sentir mal, incluso, para no hacerles sentir mal yo, (que es lo que equivocadamente pienso) cuando me mira, miro hacia otro lado.

Pero cuando no me ven, les miro y me parecen tiernos y bellos.

Ella coge la Coca-Cola como una niña a pesar de seguro tener más de 45 y se sienta. Él le coge la mano con la suya. Le acaricia la mejilla con la otra, y se besan. Por debajo de la mesa las piernas de ella tiemblan sin aparente ritmo alguno.

Y yo, mientras, noto en alguna parte de mí una terrible tristeza y en otra parte, más grande e inmensa, noto, me siento, lleno de esperanza y vida.

 

ShiroDani

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