La tejería (6 de 9)

Divendres, 22 Juliol 2016 10:52 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 1087 vegades

El muchacho ya se había ido a dormir. Felisa sacó de la alacena una botella de anís, y le sirvió una copita al maestro, colmada, y escanció dos deditos en la suya. Ambos se bebieron el licor de un trago. Después, se miraron fijamente durante un buen rato. Las tiernas miradas no engañaban. Revelaban una irresistible atracción mutua. El movimiento de avanzar sus bocas fue al alimón. Se dieron un beso apasionado pero breve. Ellos lo creyeron suficiente por el momento. 

Pedro, ya tumbado sobre la cama, abrió un cuaderno con las tapas de hule. Se trataba de un diario que había escrito su padre. Se lo entregó un contacto hacía menos de un mes. El padre de Pedro temía por su vida. Su diario desvelaba las actividades criminales del cacique don Manuel y de su partida de bandoleros. El alcalde se dedicaba al estraperlo, y la tejería le servía como tapadera para su lucrativo negocio. La guardia civil de Ademuz hacía la vista gorda y se llevaba también su parte. En una de las páginas del diario, se relataba el suceso de la mano amputada de Heriberto, el ‘hombre para todo’ de don Manuel. Aunque Heriberto contó en su momento que había sufrido una caída del carro cuando transportaba a la capital un cargamento de tejas, y una rueda le aplastó la mano, y se la tuvieron que amputar en un hospital para que no se gangrenase. “Lo que sucedió realmente”, escribía el padre del maestro, “fue otra cosa bastante distinta”. Y Pedro siguió leyendo: “Cuando Heriberto se dirigía a Valencia para vender de contrabando el género robado a los masoveros de la comarca, a los que él y otros trabajadores de la tejería asaltaban al grito de “somos maquis”,  tuvo la mala fortuna de cruzarse en el camino con una auténtica partida de guerrilleros antifranquistas, quienes ya sabían de sus fechorías, y tras incautarle el aceite, el pan y otros alimentos que ocultaba bajo las tejas, le perdonaron la vida a cambio de cortarle de un tajo la mano derecha, por vulgar ladrón”. 

 

Continuará...

 

 

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