La tarde que llegué a La Dacha (3 de 6)

Divendres, 09 Desembre 2016 12:59 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 751 vegades

Alejandro en seguida se desentendería del asunto que nos había conducido al domicilio de Francisco Umbral, o sea, la entrevista encargada por nuestro director. Mi colega sólo estaba interesado en que Umbral nos mostrara algunos de sus proyectos literarios en marcha, o alguna obra que permaneciera arrumbada por cualquier rincón de su estudio en espera de la oportuna revisión o de un dictamen más drástico: la piscina. Y Paco Umbral nos habló de una novela suya, inacabada e inédita, que bebía de las fuentes de Quevedo y de Larra. Un buen montón de folios guardados en un cartapacio de tapas grises. Nos dio a leer algunos párrafos, al albur. Entretanto, él se puso a disertar, con la arrebatada pasión de un discípulo, sobre la obra periodística del enorme escritor costumbrista. Desmenuzó algunos artículos de Larra, y colocó el acento en su vigencia. Mariano José, de vivir hoy –nos diría Umbral- arrojaría también sus dardos de majestuosa prosa contra la diana de los politicastros mediocres y ensoberbecidos.  La Dacha comenzó a poblarse de conocidos rostros de la literatura, el periodismo y el cine: Camilo José Cela, José Hierro, Fernando Fernán-Gómez, Raúl del Pozo, Carmen Rigalt… invitados a cenar por el dueño de la casa. De modo que Paco Umbral, ya en las escaleras del porche, nos hizo una recomendación, según él de enorme utilidad para quienes, como nosotros, se hubieran marcado como único objetivo ganarse la vida con la literatura: “Los buenos escritores, en la búsqueda de una voz propia, siempre consideraron legítimo saquear la obra de sus maestros”.

 

Continuará...

Enrique S. Cardesín Fenoll

 

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