The Major of Torrente (3 de 4)

Divendres, 06 Octubre 2017 10:32 Escrit per  Enrique S.Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 782 vegades

¡Pues si a lo más lejos que él llegó en toda su vida fue a la ciudad de Valencia!” Luego nos desplazamos a la cafetería y, tras inspeccionar los bocetos con delicado esmero y sumo detenimiento, el señor Burke efectuó un leve gesto de asentimiento con la cabeza que confirmaba sin necesidad de palabras la autoría del pintor José López Mezquita. Acto seguido, y después de dar varios sorbos a su café americano, que parecía contener más agua que un cuartillo de vino en tiempos de Quevedo, comenzó a narrarme la historia comprometida, en un castellano con marcado acento yanqui:  

<< El pintor José López Mezquita se trasladó a Valencia en 1929. El señor Huntington le había encargado una serie de retratos de carácter etnográfico. Se alojó en el Hotel Inglés, junto al bello Palacio del Marqués de Dos Aguas, en la entonces Plaza Canalejas. “Pinto en Torrente por la mañana, bañado por este sol incomparable, que ustedes aún no saben apreciar“, comentó José López Mezquita cierta embriagadora noche a un crítico de arte en una sala de baile de la calle Ribera. En El Vedat el pintor conoció a Vicente, el personaje del retrato The Major of Torrente, o sea, al abuelo paterno de usted [cuando aludió a mi abuelo una finísimo velo nubló mi mirada], a quien le preguntó si le gustaría posar para él vestido con el traje típico torrentí y portando en una mano la vara de alcalde. Forjaron ambos una estrecha amistad. En más de una ocasión, el artista prolongó la estancia en la casa veraniega de Vicente, donde tenían lugar las agotadoras sesiones de trabajo, para disfrutar de la gastronomía nativa. De vuelta en Nueva York, el pintor siempre ensalzó un arroz genuino de Torrent, el rossejat [en boca del conservador jefe el nombre del arroz sonó tan fuerte y alargado como una palabra alemana]. José López Mezquita, antes de echar cada mañana mano de los pinceles, acostumbraba a pasear por El Vedat,  y uno de esos días pegó la hebra con un joven de pequeña estatura que veía correr muy a menudo por las trochas que serpenteaban entre la frondosa pinada. El joven estaba entrenándose para boxeador.  Le dijo que se llamaba Baltasar Berenguer Hervás, pero que había escogido como nombre profesional “Sangchili”. Baltasar le confesó al pintor que había elegido este nombre para que su padre no se enterara de que había decidido consagrarse al boxeo. Su padre quería que estudiara, pero él sabía que no valía para los estudios. Un comandante de la guerra de Cuba había montado un gimnasio enfrente de su casa. Tenía un asistente chino. 

 

Continuarà

Enrique S.Cardesín Fenoll

Modificat el Divendres, 06 Octubre 2017 10:33

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