The Major of Torrente (4 de 4. FIN)

Divendres, 27 Octubre 2017 09:55 Escrit per  Enrique S.Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 617 vegades

 

El chino se llamaba Sang Chi Li. Y a él le gustó este nombre. También le desveló que en abril pelearía en Valencia contra un púgil apellidado Casanovas.  José López Mezquita también trabó amistad con un granerer. A veces se cruzaba con él de camino al chalet de Vicente. El granerer, de nombre familiar Pep, conducía un carro cargado de palmas que recogía en El Palmar, y siempre que reconocía al pintor soplaba ruidosamente una trompeta que llevaba consigo. José López Mezquita le pidió un día que le hiciera una demostración de su oficio, y el pintor se quedó estupefacto de la habilidad del granerer, que montó una granera en medio de la calle en un pispás, sirviéndose de los pies para tensar el cordel de esparto que ceñía la palma al palo de caña. He aquí los protagonistas principales de esta historia. Pero falta uno. El malo de la película. Un tipo malencarado y facineroso. No exento de muy malas pulgas. Todos sus convecinos lo conocían por el apodo de “el Lladre”. José López Mezquita había dado por concluido un viernes el retrato. De modo que le propuso al abuelo de usted que cocinara el domingo en el chalet una paella de pollastre y conill [en esta ocasión su fonética fue insólitamente aceptable] para sus nuevos amigos: Sangchili y Pep.  “A cargo de mi propia faltriquera”, zanjó el pintor para que no se suscitara ninguna controversia al respecto. En el transcurso de la locuaz sobremesa de ese festivo día, mediada ya la tercera botella de mistela, oyeron unos ruidos extraños procedentes  de la luminosa buhardilla. Solo les dio tiempo a ver cómo el Lladre, a quien conocían de sobra los tres torrentins, ponía pies en polvorosa acarreando en un saco de arpillera el retrato del abuelo de usted. El Lladre sin duda no contaba con la presencia de los dos invitados. Había estado vigilando durante días el chalet y se había cerciorado de que solamente lo ocupaban el abuelo de usted y José López Mezquita. Sangchili salió en seguida corriendo a toda mecha en persecución del manilargo [el conservador jefe sonreía ufano cuando usaba este lenguaje a sabiendas de que era algo trasnochado]. El granerer, en cambio, prefirió primero ir en busca de su serón y proveerse de una de las hoces que empleaba para recortar las palmas hasta darles la genuina forma de campana. El abuelo de usted, mientras tanto, se había quedado en el chalet para atender al pintor que se encontraba al borde de un ataque de nervios. El granerer, cuando alcanzó a Sangchili, certificó pronto la inutilidad de su acción preventiva. Sangchili había noqueado al ladronzuelo de un certero y contundente derechazo al mentón, recuperando el lienzo sin daño aparente alguno. Así que ya ve, gracias a la decisiva actuación de Sangchili y de Pep, el granerer, hoy podemos contemplar en este museo de la Hispanic Society el retrato del abuelo de usted pintado por José López Mezquita: The Major of Torrente>>. 

Cuando nos despedíamos en la puerta, teniendo a la vista las numerosas esculturas que poblaban la plaza de las Bellas Artes, el señor Burke aún conservaba el gesto contrariado y mohíno por mi terca negativa a discutir la posible venta a la Hispanic Society de los bocetos del retrato de mi abuelo paterno. De modo que, para que le sirviera de consuelo, le dije que tendría la ocasión de verlos siempre que gustara si decidía visitar el Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia, a cuya institución pensaba donárselos tras aterrizar en mi tierra. Y otra vez el enérgico apretón me dejó condolida la mano.

 

Enrique S.Cardesín Fenoll

Deixa un comentari

Assegura't d'omplir la informació requerida marcada amb (*) . No està permés el codi HTML. La teua adreça de correu NO serà publicada.