La pena capital

Divendres, 14 Setembre 2018 09:31 Escrit per  Rafael Escrig Publicat en Rafael Escrig Vist 224 vegades

Acabo de leer un espeluznante artículo sobre cómo fue el invento de la silla eléctrica y el uso que se le dio para ajusticiar a los reos en EE.UU. Resulta increíble cómo un país civilizado llegó a establecer ese artilugio como herramienta ejecutora. La silla eléctrica vio su implantación al tiempo en que el uso de la electricidad se organizaba en los EE.UU. Hasta entonces se ajusticiaba a los condenados por medio de la horca y era notorio que con ese sistema, el reo no moría al instante, al contrario, pues, en ocasiones, con el cuello roto, no sobrevenía la asfixia hasta media hora después, con el consiguiente sufrimiento innecesario. La electricidad parecía ser un sistema más rápido y, sobre todo, más moderno. Y es ahí donde entraron los intereses económicos de las dos empresas rivales en la implantación de la corriente continua encabezada por Thomas Edison, y la corriente alterna, por George Westinghouse, basada esta en las experiencias de Nikola Testa. Es decir que la silla eléctrica, en cierto modo, sería el campo de pruebas para implantar uno u otro modelo de corriente. Al principio fue el sistema de Edison el que ganó la partida aunque más tarde se implantaría la corriente alterna. La trágica historia tuvo sus comienzos el año 1880 ensayando primero con un número indeterminado de animales como perros, gatos, vacas y hasta caballos que fueron electrocutados para demostrar lo “limpio” del método, un tiempo después, le tocaría el turno a un hombre que moriría tras una horrible agonía en el año 1890 en el estado de Nueva York. El último en morir con este sistema fue en el estado de Virginia, el reciente año 2013.

La pena de muerte, consiste en provocar la muerte a un condenado por parte del Estado, como castigo por cometer un delito señalado en la legislación de ese país. Las formas en que se ejecuta ese castigo son variadas: ahorcamiento, fusilamiento, inyección letal, electrocución, por gas, decapitación y lapidación. Y los seis países que más la aplican son: China, Arabia Saudí, Irán, Irak, Paquistán y Estados Unidos que es el único país de América donde aún está vigente. A lo largo del año pasado 2017, se ejecutaron por diferentes medios 993 personas en todo el mundo. Estados Unidos, contribuyó con 23 ejecuciones y promulgó otras 41 penas más de muerte.  (Datos recogidos por Amnistía Internacional).

Esta crónica ocupa un pequeño capítulo de la historia de la crueldad humana que todavía no ha terminado de escribirse, y que nos podría ilustrar sobre las muchas y variadas formas que tenemos de torturarnos los unos a los otros. Las muertes violentas seguirán existiendo, unas promovidas por los Estados, como las guerras o la pena capital y otras improvisadas por los hombres, a cual peor. Todo ello junto forma parte de la misma barbarie, la barbarie de un animal llamado racional.

 

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