Los viajes

Lunes, 17 Febrero 2020 12:22 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 568 veces
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La época de las grandes exploraciones se sitúa a lo largo del siglo XVI con los viajes de portugueses y españoles en busca de la ruta más corta que les llevaría a Catay, donde estaban almacenados grandes tesoros y especias aguardando que fuéramos a cargarlas en nuestras carabelas. Todo por culpa —entiéndase la ironía— de un tal Marco Polo, hijo menor de la familia Polo, que le dio por coger la mochila y tomar el camino de la derecha según salía de su casa, en Venecia. Las historias y las pruebas de verdaderas riquezas que se trajo, animó a otros espíritus aventureros de épocas posteriores a repetir la hazaña, pero por un camino más corto a ver quién podía llegar antes. La carrera por ganar tiempo estaba servida y ésta se jugó en el mar. 

 

De esta forma se llega a la era de los descubrimientos: tierras nuevas, nuevas islas, nuevos mapas, nueva idea del tamaño de la Tierra. Por fin se demuestra que es redonda y que al final de la Mar Océana (el Atlántico de toda la vida) no había dragones ni bestias terribles devoradoras de hombres. Todo era cuestión de tomar la corriente y llegar a toda mecha. Desde entonces no hemos dejado de correr aventuras: por Oriente y Occidente, selvas y desiertos, Polo Norte y la Antártida, cumbres y fondos marinos y ahora los planetas. Imitando el lema de las Olimpiadas, podríamos decir eso de: más rápido, más lejos, más difícil. Pero la verdad es que el señor Marco Polo no hizo otra cosa que seguir la tradición familiar del comercio —Import & Export que se diría ahora— algo que se hacía desde mucho antes según nos refirió Ptolomeo, el griego contador de historias: viajar, comerciar, buscar nuevos clientes en nuevas rutas. De lo que se deduce que fue el comercio, en definitiva, lo que provocó la necesidad de desplazarse. Lo de descubrir y explorar era algo que venía añadido y lo del viaje por placer llegó mucho más tarde, metidos ya en el siglo XX.

 

Hace cuarenta y siete años recorrí media Europa con la mochila a la espalda. No fue ninguna hazaña, no descubrí nada, tampoco hice ningún negocio, por supuesto. Eran los años 70 y había una especie de fiebre que conectaba a todos los jóvenes de Occidente, fiebre que iba de la mano de las drogas, la música y los viajes “low cost”. Los años, que todo lo diluyen, como el agua, me bajaron definitivamente aquellas décimas de fiebre. Y, caso curioso, han tenido que ser los años otra vez, cuando ha vuelto a aparecer disfrazada de vacaciones de agosto, y este verano SDQ iré con mi mujer al Polo Norte. Nunca será la aventura de Amundsen ni la de Magallanes, pero será la nuestra. Y es que el deseo de viajar, sea por el motivo que sea, nunca cesa. 

 

Rafael Escrig

facebook.com/rafa.escrigfayos

Modificado por última vez en Martes, 28 Julio 2020 09:56