La pandemia

Martes, 25 Mayo 2021 11:05 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 353 veces
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Hace poco más de un año, la población se podía dividir entre hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, entre los que eran del Real Madrid o del Barça, etc. Pero esto ha dado un cambio. En la actualidad, la población mundial se divide claramente en tres grandes conjuntos: los que están vacunados contra la Covid 19, los que no lo están y los que están a medias. Este hecho, necesariamente, tiene su reflejo en las noticias, en los debates y en las conversaciones más triviales, esas que se dan entre conocidos que se cruzan por la calle. Es lógico que la importancia de la pandemia, haya creado una preocupación real, por los miles de víctimas y de infectados de todo el mundo. Para justificar dicha preocupación, nuestros gobernantes han hecho como si supieran lo que tenían que hacer, intentando disimular, muy mal por cierto, su ignorancia y la ineptitud para conducir la situación. Como resultado de esto, hemos sufrido un verdadero desastre desde el principio hasta hoy mismo. Un desastre que no ha pasado factura a los políticos responsables. O a quienes se saltaron el orden de vacunación. Tampoco ha pasado factura a nadie, por la indefensión de los sanitarios desde el primer momento. Tampoco le ha pasado factura al portavoz Fernando Simón, ni al ministro Salvador Illa, por su palmaria ineptitud y, por supuesto, tampoco se la pasa a Pedro Sánchez, el primer responsable del desastre. El señor presidente es el que dijo por televisión cuando declaró el estado de emergencia: “Nadie quedará atrás, podéis estar seguros. Nadie va a quedar atrás.” ¿Conoce la vergüenza el señor Sánchez?, me pregunto. Paralelamente, aparecieron los debates en las cadenas de televisión y en la prensa escrita. También aquí todos sabían lo que era el virus y lo que se tenía que hacer. Como apoyo de tanto especialista, llegaban los expertos, los famosos expertos, médicos, científicos y virólogos de todos los colores, para explicarnos que el virus se propagaba de esta o de la otra manera, que la mascarilla más apropiada era una y no la otra. La confusión en que nos han tenido, se hizo insoportable, haciendo que cundiera el miedo, sobre todo en la población mayor. El gobierno y los “expertos” habían conseguido lo más difícil, que la gente se quedara en casa muerta de miedo y sin ingresos “nadie se va a quedar atrás” ¿recuerdan?

Después de un año y tres meses de pandemia, una estimación oficial, que no real, contabiliza en España más de ochenta mil muertos hasta el momento y alrededor de tres millones y medio de contagios. Después de todo ese tiempo, el miedo patológico de la población y la impotencia, han dado paso a la ironía, único mecanismo de defensa que nos queda, para sobrellevar tanta carga emocional. El otro día sorprendí esta conversación entre dos amigos de setenta años —Qué ¿te han puesto ya la primera dosis? —Pues a mí aún no me han llamado. —¿Y qué te han puesto a ti, la mala o la Faicer esa? —Qué más da, de algo nos hemos de morir. —Pues nada, si no nos vemos más, ya sabes...

Con bromas así, cargadas de humor negro, es como los ciudadanos de a pie, intentamos reconducir toda nuestra rabia y resentimiento. Y todo esto sin pasar factura a nadie. Ahí están todos los políticos sin moverse de sus puestos y cobrando lo mismo que antes. Y ahí están los que se han quedado en la calle o los sufridos autónomos de siempre, claro.