Un recorrido por Almàssera

Viernes, 02 Septiembre 2022 09:57 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 156 veces
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Se llega a Almàssera por la carretera de Barcelona. Sobrepasado el Barranco del Carraixet dos monumentos nos reciben: la Creu Coberta y más adelante, una escultura en hierro que representa el Miracle dels Peixets. Dos monumentos que tienen que ver con la devoción religiosa del lugar, porque no lo olvidemos, Almàssera nace precisamente merced a ese suceso tenido como milagroso.

 

Actualmente, Almàssera es un pueblo pequeño que aparece a la derecha de la carretera de Barcelona y se va perdiendo entre la huerta, envuelto por los pueblos vecinos que no le dejan llegar al mar y parece que quisieran engullirlo.

 

Nos adentramos al centro de la población orientados por las dos torres de la iglesia que destacan por su altura. Calles estrechas, peatonales, a la moda de todas las ciudades que quieren ganarle la partida al automóvil. Calles, no hace mucho tiempo, de tierra, donde pasaban los carros con arena de la playa haciendo surcos en el barro por el peso de su carga. Calles con nombres como: Miracle, Comtes de Parcent, Estació, Pintor Cortina, Abat Ibáñez, Plaçeta Giner, Vicente Lladró. El pueblo está casi desierto en el sopor de esta calurosa mañana de domingo de julio. Entro a refrescarme a la Terraza del Fraile, junto a la iglesia. Entro hasta la terraza que está al fondo del local, pero allí hace más calor. Pido una cerveza y escribo un rato.

 

Unas barreras verticales de hierro, están preparadas para cerrar ciertas calles. Se espera la fiesta de Bous al Carrer. Es algo inquietante. De alguna forma me recuerda el patíbulo que se disponía en lugar público cuando se iba a ajusticiar a alguien. En el día señalado la gente se reuniría allí para disfrutar de la ejecución. En cierto modo, es algo que viene en sustitución de esas cosas. Solo que ahora son personas inocentes las que pueden caer a manos del verdugo, en este caso, los cuernos del toro.

 

Nos hemos dejado a la derecha el Barranc del Carraixet. Estamos en el centro; en la Plaza Mayor. Antes estaba ocupada por el caserón de los Parcent. Se derribó a finales del pasado siglo para ampliar la plaza y construir la Casa de la Cultura. La plaza es amplia y despejada. Tanto es así que solo tiene alrededor media docena de palmeras. El resto es una duna desértica de cemento que se encharca cuando llueve. El Ayuntamiento, la Casa de la Cultura, el Casino y la Casa Llopis, tan fotografiada por su clásico trencadís valenciano de principios del siglo XX, son la fachada de esta plaza. Lo más importante está a unos metros: la iglesia parroquial dedicada al Santísimo Sacramento, como no podía ser de otra forma. Con este monumento y su conexión con el Miracle dels Peixets, comienza Almàssera a tener entidad propia. Por fin, los diezmos de los almacerenses se quedarían en su iglesia; en su pueblo. La iglesia actual, podríamos decir la tercera, está fechada en 1875 es de estilo barroco con portada neoclásica y está decorada en su interior por tres importantes pintores: Cortina, Cardells y Remigio Soler. De los tres, solo Antonio Cortina Farinós es hijo del pueblo.

 

Por fin se acabó de construir la torre gemela, tantos años esperando. Ahora luce con una simetría impecable. Si miramos la iglesia de frente, es como una balanza con sus dos platos, y en el centro el fiel, que es la cruz de hierro de la fachada. Esto sucedió en 1989, según se dice en la placa grabada que hay en su base, y fue gracias al patrocinio de la familia Lladró. El suelo en el interior de la iglesia es de mosaico Nolla. La empresa lo regaló al término de la Guerra Civil, cuando la iglesia fue saqueada y todos sus símbolos destrozados.

 

Por la calle de la Estación llego a la vía del tren y la estación. Un almez centenario aparece al otro lado de la vía. Esta corre paralela con la carretera de Barcelona desde Valencia; convergerán en Meliana. El tren crea la frontera artificial entre el núcleo urbano y la huerta. La eterna huerta con sus eternos cultivos, sus caminos: Partida de la Mar, del Barranc y de Meliana.

 

Ya estamos en plena huerta. Una huerta que se funde con los campos de Meliana, Alboraia y Cases de Bárcena. Xufa y hortalizas. La hierba de la xufa nos seduce cuando está crecida. Pensamos que podríamos tirarnos en medio del campo y caer mullidos por el espesor de tanto verde.

 

Casas y alquerías salpican la huerta rozando los límites de Alboraia y Meliana: Alquería Rodrigo, conocida como La Lluna. Originaria del siglo XVI y transformada ahora en un lujoso restaurante cuyo estilo nos puede recordar el de un caserón de la nobleza agrícola inglesa. Ca el Petit, conocida también como Alquería del Pi, por el recio pino carrasco que tiene en la entrada. La alquería de La Capona, que ahora es una vivienda particular. Alquería del Pallús, Calina, el Pobre. Casa Lleida, Minero, Pau, Roselló… y Les Tendes, un enclave en el extremo oriental, fronterizo con Alboraia. Este lugar hacia 1988 pertenecía al barrio conocido como del Famós. Estaba formado por casas de ambas poblaciones fronteras, con locales dedicados al comercio como un horno y una carnicería, de ahí el nombre. Concretamente, el actual local de Les Tendes, era una tienda de ultramarinos, grano y bodega donde los labradores se reunían antes del trabajo para tomarse la cassalla. Solo decir como anécdota, que el suelo de dicho local está hecho con baldosas hexagonales de Nolla, sobrantes del suelo del Mercado Central de Valencia.

 

Las noches de verano son ideales para tomar la fresca en la terraza de La Lluna. Los almuerzos y las tapas de Les Tendes, son conocidos en los alrededores. Igualmente, llegan forasteros atraídos por el boca a boca. A uno y otro lugar vamos también nosotros por una especie de llamada interior. Es en estos lugares donde nos reunimos para comer y beber, donde se afianzan las relaciones y se difunde la cultura popular. Donde participamos de un rito ancestral: la comida. Pero a veces la comida pasa a un segundo plano. Lo importante de verdad es estar a gusto entre los tuyos. Son lugares sin una gran historia, tampoco tienen una tradición centenaria. Son lugares sencillos donde vamos la gente que forma el pueblo llano. En donde se refleja y se afianza mejor que en ningún otro sitio nuestro carácter de valencià de l’horta y que allí mostramos con orgullo, hablando, comiendo, bebiendo y riendo con la natural felicidad que se respira en esta tierra.

 

Rafael Escrig

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