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Jueves, 29 Julio 2021 16:49

No quiero ser cómplice

He estado en el Parque Natural conocido como “La Cabrentá” en Estubeny, a sesenta kilómetros de Valencia. Google nos dice que está considerado como un reducto de “selva mediterránea”. Formaciones kársticas y densa vegetación: almeces, laureles, lentiscos, rosal silvestre y otros arbustos. Lo peor es la masificación que, como en todas partes, no respeta las cosas y termina estropeando el continente y el contenido. En el recorrido por el parque, hay paneles que advierten sobre no ensuciar, no gritar, no molestar a la fauna, no coger nada, etc.

 

Algunos visitantes que coincidieron conmigo iban con sus hijos. Éstos debían tener entre ocho y catorce años. Se llamaban gritando, corrían por los estrechos caminos, levantaban polvo, reían, se empujan. Todo ello sin hacer caso a las normas que debían haber leído lo mismo que yo. No tuve más remedio que decirles que se les oía gritar desde cualquier rincón, y me respondieron que es que eran de pueblo. Una respuesta que era una clara burla a mi comentario. Con lo que opté por callar y seguir mi camino. Ellos siguieron igual, por supuesto.

 

Parece que no hay nada que hacer con las personas incívicas. Este comportamiento lo he observado también en otras ocasiones. Este tipo de personas, que tanto abunda, en lugar de enmendarse, se afianzan en su actitud, se envalentonan y son capaces de enfrentarse con cualquiera, antes que corregir su falta. Ellos son así y a mucha honra. Es como si con ello defendieran su seña de identidad más preciada: la mala educación y el incivismo.

 

Ese mismo día, por la tarde, en Cullera, que es donde pasaba el fin de semana, tuve que enfrentarme a otra situación parecida, les cuento: Era primera hora de la tarde y no había mucha gente por la calle. Voy paseando por la acera y en dirección contraria viene un muchacho de unos quince o dieciséis años que, conforme abre el envoltorio de bollería de su merienda, lo tira al suelo delante de mí. Ante esto, no puedo evitar decirle que no deben tirarse desperdicios al suelo. Y ahora volvemos al caso del principio. En lugar de reconocer su falta, el chaval se envalentona y me dice que él tira las cosas donde le da la gana. Sorprendido por una respuesta tan contundente, venida de una persona tan joven, del que no podía sospechar ese comportamiento, me atreví a decirle que vaya educación que le habían dado. Su respuesta, más contundente aún, fue amenazarme con darme un guantazo. ¿Me quieren decir cómo se maneja esto? Alguien podrá aconsejarme, de buena fe, que lo que debo hacer en adelante es no decir nada cuando vea esas cosas. Que con ello provoco a esa gente y un día puede que me pongan la mano encima. Sí, puede que ocurra eso un día, pero no por ello voy a mirar hacia otro lado. Ni puedo, ni debo. No se trata de ser valiente, es que me sentiría cómplice de esa mala acción si no dijera nada.

 

Rafael Escrig

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Jueves, 01 Julio 2021 19:09

La lengua

Lo de la lengua es algo que se ha de aclarar mucho mejor de lo que está. En realidad, la lengua está desprestigiada y quiero reclamar su papel. Me estoy refiriendo a la lengua física que todos tenemos dentro de la boca, no a la literaria, claro.

 

La lengua es un órgano bucal que nos permite deglutir, hablar y gustar. Usamos la lengua, sobre todo, para hablar, en segundo término para tragar los alimentos al tiempo que los saboreamos. Para ello, la lengua está llena de papilas gustativas, como receptores, por los que reconocemos el sabor de las cosas. Si es ácido, dulce, salado, amargo, bueno, malo, repugnante, picante…

 

En nuestra corta evolución, hemos cambiado algunos detalles de nuestra anatomía, entre otros, la mandíbula y las piezas dentales. Ya no comemos lo mismo que hace un millón de años y dientes y mandíbulas se han adaptado, pero la lengua no ha sufrido cambios aparentes. Con respecto a otros animales mamíferos igual que nosotros, sí que ha habido una diferenciación en el empleo de la lengua: nosotros la podemos usar como estimulante sexual y ellos no. Sin embargo, ellos la emplean para saborear con más plenitud los alimentos por medio del lamido, y nosotros no. La evolución de las costumbres y las normas sociales que hemos desarrollado en los últimos diez mil años, han provocado que no empleemos la lengua para lamer los alimentos. Lo único que ha quedado de aquellos tiempos, es el instinto de lamernos un golpe o una pequeña herida. La madre también besa a su bebé y le lame un golpe o le pone saliva. Ya saben aquello de “Cura sana, cura sana, si no se cura hoy se curará mañana”. Ni más ni menos que un recuerdo ancestral del uso de la lengua.

 

Actualmente sólo lamemos el helado de cucurucho o el pastel de merengue. Pero nadie lame el plato con restos de comida por puro convencionalismo social. Lamer el plato de sopa o una salsa, es un placer comparable a un beso con lengua. Estoy convencido que hay mucho de represión social para no hacerlo. Quizás alguna vez fue algo normal, cuando no teníamos tantos cubiertos ni tantos escrúpulos para usar la lengua como ahora.

 

Rafael Escrig

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Martes, 25 Mayo 2021 11:05

La pandemia

Hace poco más de un año, la población se podía dividir entre hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, entre los que eran del Real Madrid o del Barça, etc. Pero esto ha dado un cambio. En la actualidad, la población mundial se divide claramente en tres grandes conjuntos: los que están vacunados contra la Covid 19, los que no lo están y los que están a medias. Este hecho, necesariamente, tiene su reflejo en las noticias, en los debates y en las conversaciones más triviales, esas que se dan entre conocidos que se cruzan por la calle. Es lógico que la importancia de la pandemia, haya creado una preocupación real, por los miles de víctimas y de infectados de todo el mundo. Para justificar dicha preocupación, nuestros gobernantes han hecho como si supieran lo que tenían que hacer, intentando disimular, muy mal por cierto, su ignorancia y la ineptitud para conducir la situación. Como resultado de esto, hemos sufrido un verdadero desastre desde el principio hasta hoy mismo. Un desastre que no ha pasado factura a los políticos responsables. O a quienes se saltaron el orden de vacunación. Tampoco ha pasado factura a nadie, por la indefensión de los sanitarios desde el primer momento. Tampoco le ha pasado factura al portavoz Fernando Simón, ni al ministro Salvador Illa, por su palmaria ineptitud y, por supuesto, tampoco se la pasa a Pedro Sánchez, el primer responsable del desastre. El señor presidente es el que dijo por televisión cuando declaró el estado de emergencia: “Nadie quedará atrás, podéis estar seguros. Nadie va a quedar atrás.” ¿Conoce la vergüenza el señor Sánchez?, me pregunto. Paralelamente, aparecieron los debates en las cadenas de televisión y en la prensa escrita. También aquí todos sabían lo que era el virus y lo que se tenía que hacer. Como apoyo de tanto especialista, llegaban los expertos, los famosos expertos, médicos, científicos y virólogos de todos los colores, para explicarnos que el virus se propagaba de esta o de la otra manera, que la mascarilla más apropiada era una y no la otra. La confusión en que nos han tenido, se hizo insoportable, haciendo que cundiera el miedo, sobre todo en la población mayor. El gobierno y los “expertos” habían conseguido lo más difícil, que la gente se quedara en casa muerta de miedo y sin ingresos “nadie se va a quedar atrás” ¿recuerdan?

Después de un año y tres meses de pandemia, una estimación oficial, que no real, contabiliza en España más de ochenta mil muertos hasta el momento y alrededor de tres millones y medio de contagios. Después de todo ese tiempo, el miedo patológico de la población y la impotencia, han dado paso a la ironía, único mecanismo de defensa que nos queda, para sobrellevar tanta carga emocional. El otro día sorprendí esta conversación entre dos amigos de setenta años —Qué ¿te han puesto ya la primera dosis? —Pues a mí aún no me han llamado. —¿Y qué te han puesto a ti, la mala o la Faicer esa? —Qué más da, de algo nos hemos de morir. —Pues nada, si no nos vemos más, ya sabes...

Con bromas así, cargadas de humor negro, es como los ciudadanos de a pie, intentamos reconducir toda nuestra rabia y resentimiento. Y todo esto sin pasar factura a nadie. Ahí están todos los políticos sin moverse de sus puestos y cobrando lo mismo que antes. Y ahí están los que se han quedado en la calle o los sufridos autónomos de siempre, claro.

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Viernes, 23 Abril 2021 10:59

Sírvase usted mismo

Estoy en la terraza de un café, en medio de la calle; no dejan estar dentro. Me advierten que a las cinco y media empezarán a recoger. Tengo cuarenta y cinco minutos escasos para tomarme este café cortado que he pedido y que me he servido yo mismo, lo que aprovecharé para escribir un poco sobre esto. ¿Se han fijado que cada vez nos dan más libertad para que nos hagamos las cosas nosotros? Quizás sea esto una de las servidumbres de la modernidad. Sírvase usted mismo en el supermercado o en la tienda. Sírvase usted mismo en la gasolinera. Sírvase usted mismo en el café, y si se lo lleva a casa mejor aún, así no tienen que limpiar la mesa. Sírvase usted mismo en la Administración del Estado: entre en Internet, rellene tal formulario, espere una clave en el móvil... Sírvase usted mismo en el banco. No pretenderá que le atiendan personalmente ¿verdad?, y si lo hace desde su ordenador  mucho mejor; menos molestias para la empresa que está beneficiándose de su dinero. ¡Faltaría más!

 

Esta terrible pandemia que estamos sufriendo, ha conseguido, que nuestro médico de cabecera atienda nuestras dolencias por teléfono. Las consultas están vacías y el médico, desde su despacho, receta, aconseja, ordena un análisis o te deriva a un especialista. ¿Pero cómo no se habían dado cuenta antes? No me extrañaría que un día nos digan por teléfono cómo hemos de suturarnos una herida o que ese dolor que tenemos en el costado es un cólico nefrítico o son gases. No sé si exagero. Lo que sí es cierto es que muchas de estas cosas, han llegado para quedarse.

 

Que en todos los servicios las máquinas van a sustituir a las personas, es algo que desde el siglo pasado se venía diciendo. Las máquinas expendedoras están por todas partes. Los robots al teléfono son una realidad desde hace mucho tiempo. Por cierto, ¿no será también un robot el médico que nos atiende por teléfono cuando llamamos al ambulatorio?

 

Muchos pensarán que el que no te atiendan personalmente nos da más libertad. Pero de lo que no nos damos cuenta es que cada vez estamos más sujetos a esa tiranía del sírvase usted mismo y, nos guste o no, podamos o no, hemos de pasar por ello. La atención personal está pasada de moda, amigos.

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Viernes, 05 Marzo 2021 11:23

Pañuelos en la cabeza

Este pasado mes de enero nos dejó con frío intenso, borrascas, nieve, más borrascas, viento, mucho viento para despedir enero y para recibir febrero. En Valencia, estos últimos días, estamos disfrutando de un adelanto de la primavera, pero no deja de hacer viento. 

 

De lo que yo quería hablar, es del efecto que causa el aire en nuestro sufrido peinado, precisamente ahora que me he dejado crecer el pelo hasta donde nunca imaginé. Yo recuerdo hace bastantes años que cuando hacía un día de viento, las mujeres salían a la calle con pañuelo a la cabeza. Ya fueran mayores o jóvenes, casadas o solteras, todas con pañuelo a la cabeza atado al cuello con un pequeño lacito. De hecho, se vendían enormes cantidades de pañuelos para la cabeza, también los había para el cuello y para la nariz. Pero todo eso pasó a la historia. Creo que ya nadie usa pañuelo a la cabeza, ni tampoco para sonarse. Los clínex de papel han ganado la batalla de las narices. 

 

El pañuelo para la cabeza era de unas medidas especiales, ni muy grande ni muy pequeño. Floreados, lisos, de rayón o de algodón. Era el complemento infalible en el armario de una mujer. Yo tengo en casa un cajón lleno de pañuelos de aquel entonces. Pañuelos heredados de mi madre y de mi tía de todas las medidas y colores. Unos bordados, otros de recuerdo de alguna ciudad, otros pequeñitos y otros enormes. 

 

Estos días pasado, yo he echado en falta ver esos pañuelos por la calle. Ya no hay quien los use. Nos parecería la mar de extraño ver a una mujer con pañuelo a la cabeza, a no ser que fuese una rumana de esas que piden en la puerta de los Mercadona. También los ha echado en falta todo aquel, hombre o mujer, que lleva el pelo largo, porque ha estado todo el tiempo quitándose el pelo de la cara. En estos casos, tampoco sirve el sombrero o la gorra, a no ser que te la ates al cuello. Sin embargo, el pañuelo es la solución perfecta para que no se salga ni un pelo e ir por la calle tan fresco en un día de viento. Desgraciadamente, creo que ya no se volverán a poner de moda. Ahora se usan otras cosas que se llaman turbante, bandana, pañoleta, y otros tan extraños como tubular o buff. El clásico pañuelo para la cabeza, se fue y le han sustituido un montón de cosas raras. En Internet he visto una página que dice: 100 ideas de Pañuelos de cabeza para 2021. Pero ¿qué hago yo con los cien pañuelos que tengo en los cajones?

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Jueves, 04 Febrero 2021 12:11

Nunca somos nosotros

Hablemos con quien hablemos sobre el tema, todos se sumarán a la crítica y coincidirán con que las cosas se hacen muy mal en este país, que amenazando con multas es de la única forma que se consigue algo. Me estoy refiriendo, claro está, al incivismo cada vez más presente en nuestra sociedad. Probablemente usted mismo ya lo habrá comprobado hablando con algún desconocido en la barra de un bar, en la peluquería, o en el autobús, escoja la situación y verá que siempre que aparece la conversación sobre la mala conducta ciudadana, hable con quien hable, todos la criticarán sin excepción. Y yo me pregunto, si eso es así, si todo el mundo confiesa estar en contra ¿quiénes son esas personas incívicas de las que hablamos? ¿Dónde están los que ensucian, los que rompen, los que no cumplen las normas más elementales de civismo? ¿Acaso son todo imaginaciones, o es que realmente es en todos nosotros donde radica el problema? Lo que ocurre es que no tenemos la valentía de reconocerlo y nos vestimos con la máscara de la hipocresía cuando alguien nos lo pone delante. ¿Quiere decirme usted que no ha tirado nunca al suelo el más mínimo papel? ¿Quiere decirme usted que no ha tirado nunca un plástico, que no ha tirado nunca una colilla desde el coche o que no ha dejado que su perro orine en la rueda de un coche? Todos tenemos esos pequeños pecados a buen recaudo, ocultos en nuestra cámara de los secretos, quizá también otros no tan pequeños, pero en ningún caso tendremos el desliz de contarlo ni la vergüenza de confesarlo. Después diremos todos a coro que este es un país con muy mala educación, que nuestra sociedad es modelo de incivismo, que hay mucha incultura. Pero hasta que no reconozcamos uno por uno todos nuestros errores y aprendamos a corregirlos, siempre veremos la mala educación y el incivismo en los demás. Nunca somos nosotros. 

 

Rafael Escrig

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Viernes, 18 Diciembre 2020 10:24

Los bares en España

Los bares en España, son el principal servicio público de que dispone el ciudadano. Los puedes encontrar en cualquier parte y a todas las horas del día. Para darnos cuenta de lo que significa un bar, hemos de dar un vistazo a la cantidad de servicios que nos proporcionan, desde el desayuno o la comida, hasta una copa de alcohol cuando la necesitas. En el bar están tus amigos, tu distracción, tu tiempo de relax, la toilette y el vaso de agua. Allí puedes pasar el rato. Es el lugar de reunión perfecto, la referencia infalible. El bar, se podría decir que es nuestra segunda casa. Siempre estaremos deudores con los bares. Para darnos perfecta cuenta de lo que representa el bar, lee lo que sigue a continuación. Como podrás comprobar, nos dan mucho más de lo que reciben de nosotros. Y por bien poco, te hacen la vida mucho más soportable. Demos gracias a todos los bares y cafeterías que hay repartidas por todos nuestros pueblos y ciudades.

 

LAS COSAS QUE TE DAN EN UN BAR SIN TENER QUE PAGAR:

 

Aparte de poder ir a los servicios, que no es poco.

Agua del grifo.

El periódico.

Palillos.

Servilletas de papel.

Bicarbonato.

Quitamanchas.

La hora.

Una dirección.

El dominó.

Reposo.

Fuego (cuando se podía fumar).

Conversación.

Un bolígrafo.

Un papel para escribir.

El listín de teléfonos (cuando había teléfonos).

Distracción en la tele.

Un amable saludo.

La razón.

 

LAS COSAS QUE TÚ PUEDES EXIGIR:

 

Educación.

Limpieza.

Papel del váter.

Agua del grifo.

El libro de reclamaciones.

 

COSAS QUE TE PUEDEN EXIGIR:

 

Educación.

Que pagues lo que has consumido.

Que devuelvas la cucharilla del café.

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Viernes, 30 Octubre 2020 09:45

Palomas, tórtolas y cotorras

A simple vista parece que no, pero la enemistad entre tórtolas y palomas es un hecho. Para la mayoría de todos nosotros, todo son palomas. De ahí precisamente nace el odio que se tienen entre ellas, porque no quieren que se las confunda. Las palomas, de momento, mantienen ese cariz de nobleza y bondad que les dio la tradición, no se sabe muy bien por qué. Por eso han colonizado los mejores lugares de los centros históricos. Hacen como los mendigos, se ponen donde pasa más gente y así siempre les cae algo. Las tórtolas, por su parte, resignadas, se han quedado como quien dice, fuera de juego. De vez en cuando hacen alguna incursión en bandada pero sin éxito, ya que el prestigio de las palomas es muy alto y no hay quien las saque de sus puestos. Últimas noticias nos hablan de la creación de un cártel entre los diferentes grupos de tórtolas con otros grupos del extrarradio, para cambiar la situación. Si la creación de dicho cártel se realiza, no se augura nada bueno para las palomas, que sólo por la diferencia de número, tendrían las de perder. No obstante, el peligro de que esto ocurra está aún muy lejano. Investigadores de crédito apuntan que la inteligencia y la capacidad de las tórtolas para ponerse de acuerdo entre ellas, es muy limitada. ¿Qué ocurrirá al final de esta historia? ¿Se equivocarán los investigadores y resulta que las tórtolas tienen mucha más inteligencia de lo que se creía? ¿Existen entre ellas elementos mutantes, al estilo de los 4 fantásticos? Nada se sabe a ciencia cierta. De momento sólo se ven algunas paseando por la acera como si buscaran algo y mirando de soslayo a uno y otro lado. Puede que ya estén calculando las posibilidades para actuar o puede que sólo busquen esas cosas invisibles que picotean de vez en cuando. ¿Quién sabe?

 

Pero no acaba ahí la cosa. Hay un tercer actor en este drama. Se trata de un personaje que no cuenta ni con tórtolas ni con palomas para adueñarse de todo el terreno. Va a su aire y sus métodos son inapelables. Actúa por las bravas, sin importarle nada, lo mismo que Donald Trump. Y además ambos se parecen un poco, me refiero a las cotorras argentinas. Entre palomas y tórtolas los problemas se dirimían igual que en la guerra fría: espionaje, amenazas, amagos… Ahora, con este nuevo actor, todo está cambiando. Lo que sí es cierto es que la única víctima de esta rivalidad ha sido el pacífico y simpático gorrión. Los gorriones han pagado el pato de esta guerra solapada. Se han ido o han muerto víctimas de la ocupación abusiva de unos y de otros. Los gorriones son los desheredados, refugiados sin ayuda de Cruz Roja, ni de ninguna oenegé. Ya podemos ir despidiéndonos de los gorriones que antes poblaban campos y ciudades. Los bárbaros han llegado para quedarse.

 

Rafael Escrig

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Viernes, 25 Septiembre 2020 10:41

El virus y las manos

La famosa pandemia que estamos viviendo, nos trajo en marzo una novedad a todos los ciudadanos. La novedad era que teníamos que lavarnos las manos. En esos primeros meses de la primavera, la gente se lavó las manos como nunca antes lo había hecho. Nos lavábamos las manos con insistencia, con ardor y con verdadera pasión. Nos lavábamos las manos a cada momento, frotando bien para matar a lo que fuera que tuviéramos entre los dedos. Nunca las bacterias estuvieron más amenazadas en nuestras manos.

 

Recuerdo una señora que estaba delante de mí en la farmacia y le pedía al farmacéutico ese líquido para lavarse las manos. La farmacia no disponía en ese momento de existencias. No se preocupe usted, señora, le decía el farmacéutico. ¿Usted se lava las manos con jabón? Claro que sí, muchas veces, y con lejía, le contestaba la señora. Pues entonces no se preocupe usted que ya es suficiente. No, no. Yo quiero una botella grande de ese líquido. Pídamela usted y yo vendré a por ella, insistía la mujer. Pero tenga usted en cuenta que así se le va a resecar la piel, le aconsejaba el farmacéutico. No, no se preocupe que ya me pondré crema yo. Usted tráigame de eso. De la grande, eh? La señora tendría unos ochenta y tantos años y temía enfermar por no ponerse líquido de ese.

 

Situaciones como esta se han sucedido en las farmacias, tanto para comprar el gel hidroalcohólico, como las mascarillas o los guantes. Eran esos primeros días que escaseaba de todo y la gente se tapaba con mascarillas caseras y se lavaba las manos a dos por tres. Ahora hay sobradas existencias de todo. Hay mascarillas para aburrir. Los guantes apenas los usamos y el gel no sé si tanto, pero se sigue usando. Lo que ya no estoy tan seguro es si nos seguimos lavando las manos con la misma urgencia con que lo hacíamos entonces. No sé si esa señora que me encontré en la farmacia ya se ha calmado o sigue con su neurosis del lavado. Supongo que todos nos hemos serenado un poco. Lavarnos las manos está bien, otra cosa es borrarnos las huellas dactilares a fuerza de frotar.

 

Rafael Escrig

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Viernes, 28 Agosto 2020 10:30

Las tragedias

Estos últimos días me ha dado por leer algunas tragedias griegas. Se supone que fueron los griegos los que inventaron ese género, y no ha dejado de escribirse y representarse desde entonces. Tras lo leído, quisiera comentar el duro papel que tienen las protagonistas femeninas. Son éstas las que llevan todo el peso de tanta desdicha y tanta sangre como se vierte en tales tragedias.

 

En Medea de Eurípides, la tragedia se desata por un amor que desemboca en celos, venganza y muerte. En Electra de Sófocles, volvemos a tener el mismo menú servido en tres platos: amor, venganza y muerte. Con Eurípides, tenemos nada menos que el personaje de Fedra donde se repite amor, odio, traición, venganza y muerte. Pero vaya muerte y vaya venganza. Nada menos que Fedra deja una nota para que, después de muerta, se cumpla su venganza y caigan todos los que quedan vivos. Creo que un plan tan maquiavélico solo puede urdirlo una mujer. Dejo para el final una comedia, aunque también tiene como protagonista a una mujer, Lisístrata de Aristófanes. Este personaje femenino debería de ser un ejemplo para todas las feministas actuales que buscan la igualdad con los hombres.

 

La comedia de Aristófanes pretendía denunciar la desigualdad ya existente entonces y la incapacidad de los hombres para resolver el eterno conflicto bélico griego. La solución la pone Lisístrata. ¿Y quién era Lisístrata? Supongo que la primera feminista o, al menos, la primera mujer que hizo valer su feminidad. Lisístrata conspiró con otras mujeres para hacer dejación de su sexo hasta que sus esposos decidieran ponerse de acuerdo y cesar las hostilidades bélicas, cosa que lograron.

 

Al cabo de tantos siglos, las demandas del feminismo en todo el mundo son muy diferentes y algo se ha conseguido después de todo. Es cierto que quedan por resolver muchas cosas para lograr una igualdad justa y razonable. Pero el problema de ahora es que existen dos feminismos: uno intelectual, sensato y racional que quiere compararse en derechos a los hombres, pero sin perder un ápice de su feminidad y otro feminismo vocinglero de esas mujeres que se envuelven con la bandera LGBT y que sólo buscan parecerse a los hombres, pensando quizás, que comportándose igual tendrán los mismos derechos, esas que fuman como carreteros, que beben y juran como piratas del Caribe y que quieren esconder su feminidad dejándose bigote y las piernas como faunos. Eso sí que es una tragedia.

 

Rafael Escrig

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