El riesgo moral, esa es la cuestión

Martes, 22 Marzo 2016 11:31 Escrito por  Juan Francisco Albert Moreno Publicado en Economía Visto 1403 veces
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Parece mentira que muchas de las decisiones de política económica que tantas repercusiones tienen en el bienestar de los ciudadanos, lejos de tomarse desde una reflexión racional y con complejos algoritmos matemáticos como a veces tendemos a pensar, se tomen desde una posición ética y primitiva como es el riesgo moral. 

Empecemos por la definición, riesgo moral no es otra cosa que el mayor riesgo asumido por un individuo cuando sabe que las consecuencias negativas de sus actos no van a ser asumidas por él en su totalidad y serán compartidas por otros agentes. Pongamos un ejemplo de esto y de cómo se puede solucionar el problema. Imaginen un niño que jugando a la pelota en su casa rompe un valioso jarrón, si sus padres son benevolentes y el castigo es efímero, se crean incentivos para que el niño siga jugando en un fututo sin miedo a las consecuencias y tomando un comportamiento de riesgo moral. Sin embargo, si los padres le imponen un duro castigo y lo llevan hasta sus últimas consecuencias, el niño se lo pensará dos veces a la hora de volver a jugar en el salón. 

El problema surge cuando la obsesión por el castigo se transforma en casi enfermiza y en lugar de buscar soluciones o diagnósticos más profundos se achaca todo a este dilema del comportamiento humano. Esto ha pasado en Europa y los países periféricos siguen pagando las consecuencias de duros ajustes impuestos por Bruselas. Para entender esto remontémonos a los años más duros de la crisis, España pasa de tener una deuda pública sobre el PIB del 36.3% y superávit en sus cuentas públicas en 2007, a tener 5 años más tarde en 2012 un ratio de deuda del 86%. Pero algo similar ocurre en todos los países de la Unión, por ejemplo, Francia y Reino Unido pasan de tener una deuda pública del 64.2 y 43.7 al 90.6 y 89.1 por ciento respectivamente en los mismos cinco años. La respuesta del núcleo duro de la Unión Europea al ver estas cifras y las tensiones financieras que se crearon durante la crisis de deuda soberana el año 2010 no fue otra que achacar este problema al riesgo moral. Su argumentación es muy sencilla, los gobiernos irresponsables de los países del sur no van a dejar de gastar por encima de sus posibilidades ya que en última instancia son avalados por el resto de socios responsables con Alemania a la cabeza, por tanto, la solución es castigar estos países y evitar así el riesgo moral para que se comporten más responsablemente. 

Resumiendo mucho, detrás de esta argumentación se encuentran todos los ajustes exigidos a estos países y todas las reticencias de los acreedores a dar cualquier tipo de respiro a los países deudores. Es cierto que los gobiernos de los países endeudados tuvieron mucha complacencia en los años del boom, por ejemplo, en el caso español poco o nada se hizo por frenar una burbuja inmobiliaria que se sabía que pronto o tarde estallaría.  Pero no es menos cierto, que los superávits registrados en el periodo pre crisis sugieren que estos países no eran tan derrochadores como se les quiere hacer ver. Además, como apunta el célebre economista  Paul de Grauwe, gran parte de esta explosión de deuda en los años de la crisis se debe al rescate de las entidades bancarias. Por tanto, el diagnostico de gobiernos irresponsables no es del todo cierto y la receta del castigo quizá no sea lo más correcto. 

Un ejemplo más reciente lo tenemos ante la incapacidad de la política monetaria de llegar al objetivo de inflación del 2%. En las últimas semanas, hemos visto al presidente del BCE, Mario Draghi, al grito grouxomarxista de ¡Más madera!, seguir con su propósito de inyectar más liquidez al sistema y conseguir que el crédito barato tenga implicaciones en la economía real. Sin embargo, al menos de momento, los resultados son modestos. Una alternativa que se plantea para que la política monetaria sea más eficaz habla de monitorizar deuda, es decir, que el Banco Central financie directamente a los gobiernos en sus acometidas de gasto. Los detractores de esta política ya han salido en masas aduciendo que esto es una irresponsabilidad y conlleva problemas de riego moral que a la larga conlleva alta inflación y una peor situación a la actual. 

Puede que esto sea cierto y sin ninguna duda los problemas de riesgo moral tienen implicaciones muy serias en la economía. No obstante, me niego a creer que no haya una solución intermedia para dar balones de oxígeno a unas economías muy deterioradas sin incurrir en estos problemas. Como dicen los más viejos del lugar, entre el blanco y el negro hay una gama muy extensa de grises.

 

Juan Francisco Albert Moreno

Estudiante de economía

twitter: @jf_albert

 

Modificado por última vez en Martes, 22 Marzo 2016 11:36