Las manis

Lunes, 09 Marzo 2020 12:40 Escrito por  Publicado en Rafael Escrig Visto 487 veces

He leído en alguna parte que la primera manifestación de protesta tuvo lugar hace más de 3.000 años en Egipto, durante el reinado de Ramsés III. Debió de ser un hecho relevante para que quedara documentado. La manifestación fue motivada como protesta por un caso de corrupción administrativa, en la que una parte del escalafón de funcionarios iba quedándose pequeñas porciones del salario de los trabajadores, que era en especie, hasta no quedar nada para ellos. Una mordida como se diría ahora. Se supone que, tras la protesta, y la investigación de los hechos, los derechos de los trabajadores fueron restaurados y castigados los culpables. No era la sociedad egipcia tan diferente de la nuestra, ni en sus problemas ni en los métodos para resolverlos. Nos podrá resultar sorprendente pero, como se dice habitualmente, “ya está todo inventado”. La diferencia con respecto al día de hoy está marcada por la frecuencia del hecho. Frente a este caso histórico que, sin duda, fue bastante singular —me refiero a la protesta, no a la corrupción del funcionariado, pues ésta continúa— tenemos que en la actualidad, las manifestaciones de protesta son un hecho común en todos los países, y se repiten con una insistencia endiablada. Un dato: en Madrid, el pasado año, se hicieron un total de 3.323 manifestaciones (9,1 por día). De acuerdo que Madrid es la ciudad más castigada de España en este sentido, pero hágase un cálculo de las que puedan hacerse al año en todo el país ¿Y en todo el mundo? Y una reflexión: ¿en qué proporción ofrecen resultados a favor? Por otra parte ¿son todas justificadas y convenientes? Dando por sentado que la mayoría de ellas responde a justas reivindicaciones, muchas otras se hacen sin esperar ningún resultado, y tienen más de fiesta que de verdadera protesta y otras, son motines encubiertos. Las manifestaciones son un derecho amparado por la ley, pero lo que sí es cierto, es que esos derechos, suelen chocar con los del resto de ciudadanos que sufren las consecuencias sin poderlo evitar. Y sobre los resultados, está claro que a más ruido, mayores efectos a su favor. Pero yo me pregunto ¿es así como debe hacerse? ¿A las bravas? O me das lo que quiero o rompo la baraja. Todavía colean las graves manifestaciones de Barcelona, Hong Kong o París. Manifestaciones de protesta que sobrepasan todos los cauces, y que exigen por la fuerza que se acepten sus propuestas sin otras consideraciones. Esto se parece mucho a la antigüedad, cuando los reyes, caudillos o líderes, llámense como se quiera, eran elegidos por su fiereza y crueldad en el combate. Puestos así, se podría hacer también como entonces y que se enfrentaran a muerte los líderes de uno y otro lado: uno del lado del gobierno y otro del lado de los manifestantes. El ganador del combate impondría sus deseos. Así nos ahorraríamos, policías antidisturbios, jueces, abogados, leyes, cárceles, ministros de interior y sobre todo mucho tiempo y muchísimo dinero. Puestos a hacer el salvaje, hacerlo bien.

 

rafaescrigfayos.es

Modificado por última vez en Lunes, 09 Marzo 2020 12:42
Más en esta categoría: « Los viajes La pandemia »

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.