El virus y las manos

Viernes, 25 Septiembre 2020 10:41 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 173 veces
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La famosa pandemia que estamos viviendo, nos trajo en marzo una novedad a todos los ciudadanos. La novedad era que teníamos que lavarnos las manos. En esos primeros meses de la primavera, la gente se lavó las manos como nunca antes lo había hecho. Nos lavábamos las manos con insistencia, con ardor y con verdadera pasión. Nos lavábamos las manos a cada momento, frotando bien para matar a lo que fuera que tuviéramos entre los dedos. Nunca las bacterias estuvieron más amenazadas en nuestras manos.

 

Recuerdo una señora que estaba delante de mí en la farmacia y le pedía al farmacéutico ese líquido para lavarse las manos. La farmacia no disponía en ese momento de existencias. No se preocupe usted, señora, le decía el farmacéutico. ¿Usted se lava las manos con jabón? Claro que sí, muchas veces, y con lejía, le contestaba la señora. Pues entonces no se preocupe usted que ya es suficiente. No, no. Yo quiero una botella grande de ese líquido. Pídamela usted y yo vendré a por ella, insistía la mujer. Pero tenga usted en cuenta que así se le va a resecar la piel, le aconsejaba el farmacéutico. No, no se preocupe que ya me pondré crema yo. Usted tráigame de eso. De la grande, eh? La señora tendría unos ochenta y tantos años y temía enfermar por no ponerse líquido de ese.

 

Situaciones como esta se han sucedido en las farmacias, tanto para comprar el gel hidroalcohólico, como las mascarillas o los guantes. Eran esos primeros días que escaseaba de todo y la gente se tapaba con mascarillas caseras y se lavaba las manos a dos por tres. Ahora hay sobradas existencias de todo. Hay mascarillas para aburrir. Los guantes apenas los usamos y el gel no sé si tanto, pero se sigue usando. Lo que ya no estoy tan seguro es si nos seguimos lavando las manos con la misma urgencia con que lo hacíamos entonces. No sé si esa señora que me encontré en la farmacia ya se ha calmado o sigue con su neurosis del lavado. Supongo que todos nos hemos serenado un poco. Lavarnos las manos está bien, otra cosa es borrarnos las huellas dactilares a fuerza de frotar.

 

Rafael Escrig

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