Sueños de campeón

Viernes, 11 Noviembre 2016 11:53 Escrito por  Ginés Vera Publicado en Ginés Vera Visto 1648 veces

Cuando el flaco Rodríguez lo descubrió no era más que un muchacho de pueblo con una maleta, ropas gastadas y el ingenuo sueño de hacerse rico peleando. Le vio pateando guijarros y, más tarde, metiéndose en líos con unos tipos a los que, sin amilanarse, soltando la maleta, les retó elevando sus puños como un púgil trasnochado. Cuántas veces habría de recordárselo no solo en el gimnasio, donde le presentó a un viejo entrenador de jóvenes promesas, también combate tras combate, ascendiendo en el ranking hasta hacerse un nombre. Algún infame periodista le apodó Bola de nieve Quillán a pesar del color betún de su piel. A él no pareció importarle, incluso parecía celebrarlo pensando en que cada combate le acercaba imparable a la lucha por el campeonato. Dicen que el flaco Rodríguez solo lloró dos veces en su vida: cuando le destrozaron la mano derecha por no pagar a tiempo unas deudas de juego y la noche del gran combate entre Sangrador Varela y Bola de nieve Quillán. El aspirante comenzó fuerte, despegándose de las cuerdas, lanzando un feroz castigo a Sangrador que parecía acusar el asedio en los primeros asaltos. ‘Sigue así’, se oyó en ambos rincones antes de la campana. Y siguieron. El público caldeó las brasas del infierno, mentaban madres, escupían violencia por bocas y ojos tratando de inclinar la balanza. Tras el cuarto asalto, el flaco fue a los vestuarios. ‘Si aceptas, ya sabes’, le dijo el mano derecha del mayor narcotraficante de la ciudad. Su suerte estaba echada, pensó. Si se negaba, al día siguiente haría compañía a los peces con unos zapatos de cemento. Si aceptaba sería el muchacho quien no pararía hasta ajustarle las cuentas. ‘Lanza la toalla’, le dijo al ayudante. ‘¿Estás loco, qué dices? Podemos ganar’. ‘O tú o yo, decide’, le tembló la voz entre lágrimas. Más gente lloró aquella noche. Entre cuatro sujetaron a Bola de nieve para evitar que se comiese allí mismo al manager que huyó del pabellón. De este no se supo nada, solo rumores. No llegó a cobrar lo acordado, ni hubo entierro ni nadie le buscó. Toribio Quillán se deshizo de la maleta antes de subir al autobús rumbo a su pueblo. Volvió a pedir el puesto de carnicero sin permitir jamás a nadie que le nombrasen la nieve. Tampoco confesó jamás donde enterró aquella maleta con algo más que sus sueños.

 

Ginés Vera

 

Modificado por última vez en Viernes, 11 Noviembre 2016 12:01
Más en esta categoría: « El columpio El mismo viaje »

1 comentario

  • Enlace al Comentario Gines J. Vera Viernes, 11 Noviembre 2016 16:20 publicado por Gines J. Vera

    Este microrrelato vino a mi tras leer un relato de José Luis Muñoz. Luego pensé en un tocayo (de Muñoz) que no me cae especialmente bien (la sinceridad, ay, la sinceridad) y de lo uno o lo otro surgió este pequeñín.
    Un saludo a los lectores del rincón literario del Nou Torrentí.

    Reportar

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.