Siga las instrucciones

Viernes, 13 Enero 2017 10:33 Escrito por  Ginés Vera Publicado en Ginés Vera Visto 1274 veces

Según nuestro guía, disfrazado como los antiguos colonos del siglo pasado, cuando bajásemos del autobús no debíamos separarnos ni internarnos a solas en el bosque. Al parecer, entre las muchas leyendas, una afirmaba que lo habitaba un duende malvado… Hizo una pausa dramática intentando así atraer el interés de quienes estábamos cansados del viaje y con ganas de llegar cuanto antes a nuestro destino. El duende atrapaba en su cueva a los excursionistas ingenuos durante cien años, advirtió. Nadie dijo nada y aunque continuó hablando me quedé dormido. Cuando desperté me encontré solo en el autobús. ¿Dónde habían ido? Bajé sin ver a nadie por los alrededores. Decidí internarme por un camino hasta un claro del bosque, pero el miedo, por si era cierta la leyenda, hizo que pensase que lo mejor era regresar al autobús y esperarles. Con los nervios debí despistarme, menos mal que hallé a un joven de la zona, al menos vestía como el guía, con ropas antiguas. Estaba sentado de espaldas, frente a una especie de pozo sin brocal. Me presenté, me dijo que se alegraba de verme, llevaba mucho tiempo allí, tanto, afirmó, que no se acordaba de su nombre. Me costó creerle porque debía ser un muchacho de mi misma edad. Cien años, pareció recordar de repente tomando mi brazo con violencia. Pero ahora puedo irme, añadió empujándome al hoyo. En el forcejeo noté como resbalaba y caía al interior del pozo. La oscuridad me hizo pensar que soñaba, que despertaría en el autobús. Me costó asimilar que no era así, que estaba encerrado en aquel agujero, que lo estaría hasta que lograse salir. Grité hasta quedarme sin voz, pero nadie pareció oírme. Fui escalando la pared rocosa despacio, con miedo a resbalar y fracturarme acaso una pierna o un brazo. No sé cuánto tiempo tardé, debió ser mucho, pues al llegar al borde descubrí que el bosque había cambiado. Eso y que apenas recordaba cómo había llegado allí, solo el pozo, el muchacho, su frase antes de empujarme. Cien años, vino a mi cabeza. Me senté a reflexionar. Alguien se acercó, era un joven con unas ropas extrañas me miró sorprendido. En cambio yo me alegré, ahora podía marcharme de allí, le dije tirando de su brazo para hacerle caer al pozo.

 

Ginés Vera

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