Cuestiones espinosas

Viernes, 11 Noviembre 2016 10:42 Escrito por  Paloma Silla Publicado en Paloma Silla Visto 1102 veces
Ramón Espinar. Fotografía de © Luis de Vega Ramón Espinar. Fotografía de © Luis de Vega

“Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio”

En política hay dos principios, que por obvio que parezcan, apenas se cumplen: el de la prudencia y el de dar ejemplo. Pero si se presume de algo y alguien demuestra contradicciones notorias, se corre el riesgo de meterse en un zarzal del que parece poco probable salir indemne. 

De bien es conocido por todos la polémica del senador de Podemos, Ramón Espinar, quien a los 20 años compra un piso por 140.000 euros para venderlo a los tres meses por 170.000 euros. A nadie le extraña que una persona trate de vender un piso por un importe superior al del valor de su compra, pues resulta práctica habitual en esta España de ladrillo y pelotazo. 

Quien escribe estas líneas no va a realizar valoraciones morales sobre si es ético o no, ya que no es la intención de este breve artículo. Sin embargo, lo que sí que resulta llamativo es ver a la misma persona que realiza esta operación inmobiliaria escupir, apenas pocos años después, sapos y culebras sobre aquellos que especulan con la vivienda. Ver frases en Twitter como “Hay que pasar de concebir la vivienda como inversión-pelotazo a pensarla como derecho” o “Porque mientras nos desahucian y nos echan del curro, hay dinero de sobra y viviendas vacías” atentan contra los dos principios antes citados: el de la prudencia y el de dar ejemplo” parece que no casen bien ni con los principios de prudencia ni de dar ejemplo.

Si te dedicas a la política has de saber que todo aquello que digas, permanecerá. Da lo mismo cuanto te afanes por borrarlo, pues lo publicado siempre queda. Somos esclavos de nuestras palabras y si criticas algo, deberías recordar aquella frase de “quien a hierro mata, a hierro muere”.

Es más, ver salir a los suyos en tropel en su defensa a nadie le extraña. Lo hacen todos, sean del partido que sean con sus “aguanta Luis” o “pongo la mano en el fuego por Griñán” y un largo etcétera. Cualquiera diría que los políticos en España son incapaces de aprender de sus propios errores y que se empeñan en tropezar repetidamente contra la misma piedra, a ver si a fuerza de caer sobre ella, la pulverizan. Pero la roca es más poderosa que el hueso y después toca entablillar con dimes, diretes y desdecires de lo dicho que se arrastran en procesión de penitencias y de no dije aquello o no se me entendió bien. Explicaciones en diferido, claro está.

El resultado de una torpeza de quien obvia sus pecados mientras señala a otros no sorprende. Ni el de un partido arropando a sus protegidos en lugar de actuar con la contundencia necesaria. Se escudarán en el corto plazo, en el habitual victimismo que a todos arropa, y que puede incluso servir a Espinar para tomar Madrid. Pero la sociedad ha hablado y etiquetado. Las explicaciones les sirven a los militantes, no a la ciudadanía, que ya ha etiquetado de hipócrita a Espinar y, por extensión, a todos aquellos que lo arropan.

Visto esto me pregunto si algún día nuestros políticos entenderán la importancia de ser los dueños de sus silencios, aunque por sus actos parecen más dispuestos a seguir bordeando zarzales.

 

Paloma Silla

Asesora de imagen, 

comunicación y protocolo

 

Modificado por última vez en Viernes, 11 Noviembre 2016 10:59

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