Los nombres de las calles

Viernes, 11 Mayo 2018 11:16 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 579 veces

Hay algo que me ha llamado siempre la atención. Algo en lo que todos los gobiernos municipales, les ha gustado verse reflejados; imponer su impronta para mayor gloria de sus egos, como si con ello hicieran algo verdaderamente meritorio. Me estoy refiriendo al nomenclátor de las ciudades. Me estoy refiriendo a esos nombres de calles, plazas o parques, que durante años van a figurar rotulados con letra impresa en el callejero de la ciudad y en la esquina de la calle sobre una placa de aluminio o, en el mejor de los casos, un digno azulejo de cerámica. Ya escribí sobre esto hace un tiempo, concretamente en febrero de 2016 y en este mismo periódico, y seguramente no será la última vez que lo haga porque el tema es así de jugoso.

Como antes decía, siempre me ha llamado la atención el hecho de lo que, hasta ese momento, conocíamos todos con un determinado nombre, a partir de una fecha, se llame de otra forma. El rótulo de una calle, es algo muy importante y creo que no debería servir como argumento político con que los gobiernos municipales, marquen sus diferencias con el antecesor. Justo es que se haga, con el consiguiente consenso, cuando los nombres existentes, puedan herir susceptibilidades por haberse bautizado con criterios totalmente políticos o partidistas. ¿Cómo evitar esa politización y los cambios que genera? Sencillamente empleando criterios apolíticos y huyendo de los oportunismos tan recurrentes. Pero no es así y se vuelve a caer en lo mismo.

¿Qué ocurrió en Nueva York, hace ahora 200 años, cuando se planificaron sus calles? Que se previó una cuadrícula en ángulo recto y cuando se creó Central Park, unos 30 años después, esas calles se numeraron a uno y otro lado: West Side, al oeste y East Side, al este. Las 11 avenidas que corren paralelas, de norte a sur, y las 155 calles perpendiculares que las cruzan, tras el número se les añadió la E o la W según estuvieran a uno u otro lado del parque y ahí se acabó la historia. Difícil perderse hoy en día en una urbe de 8.500 millones de habitantes, con las calles perfectamente numeradas. 

Para hacer algo así, ya hemos llegado tarde. Pero para bautizar nuevas calles o rebautizar aquellas cuyos nombres nos puedan chirriar a todos, existen muchas formas de hacerlo, muchas, menos esas que se hacen con criterios absolutamente políticos y oportunistas. Y eso es lo que se ha conjugado estos últimos días en el Ayuntamiento de Valencia que ha decidido cambiar el nombre de unas cincuenta calles por otros más de acuerdo con su gusto y su ideología. También lo hicieron igual los ayuntamientos del pasado. Esto es así, gobierne quien gobierne. En este caso es muy llamativo porque no se han tomado tiempo ni para respirar y, al hilo de la famosa Ley de la Memoria Histórica, le han añadido la cuestión tan en boga en estos momentos de la igualdad y la reivindicación de la mujer, con lo que se van a retirar de las calles el nombre de personajes no afines a la República y en su lugar, serán rebautizadas con nombres de hombres y de mujeres que, salvo algunas excepciones, su único bagaje es la militancia de izquierdas o la lucha feminista. Una actitud de manual, quítate tú para ponerme yo. Veremos lo que ocurre cuando cambien las tornas, supongo que volver a empezar. Y así ad infinitum.

 

rafaescrigfayos.es

Modificado por última vez en Viernes, 11 Mayo 2018 11:18

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.