El protocolo

Viernes, 20 Julio 2018 12:50 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 454 veces

Estamos tan acostumbrados a escuchar la palabra protocolo, que ya nos hemos inmunizado y la consideramos como una más de nuestro lenguaje habitual cuando, en realidad, ingresó recientemente en nuestro diccionario para suplantar de facto al vocablo reglamento, mucho más castizo y natural. ¿Y cuál es el sentido que se le da actualmente a la palabra? Me gusta acudir al DRAE en estos casos, pues es como la ley escrita de las palabras. En la última edición podemos ver que el origen de la palabra está en el griego, del que pasó al latín como protocollum: Primera hoja de un documento con los datos de autentificación. La 1ª y 2ª acepción se centran en los temas de ordenanzas y asuntos diplomáticos, la 3ª hace referencia a los actos oficiales, y no es hasta la 4ª y última acepción, en la que se habla de: secuencia detallada de un proceso de actuación científica, técnica, médica, etc. Anteriormente no estaba recogida con este significado y sólo se le concedía el de carácter notarial y ceremonioso que tuvo desde un principio. Y yo me pregunto ¿por qué los medios de comunicación, que son unos de los valedores y responsables de la transmisión del lenguaje, se dejan influir tan fácilmente por los sempiternos anglicismos? (en este caso la palabra irrumpió con fuerza desde el protocol inglés) pues, como siempre ocurre, en lugar de poner en valor lo propio, preferimos acudir a lo foráneo que, estúpidamente, pensamos que es mejor.

La invasión del término protocolo ha sido tan aceptada y reconocida por todos, que no existe asociación, hermandad, agrupación, club, sindicato, entidad, sociedad o cofradía que no goce de su correspondiente protocolo. La verdad es que resulta muy cansino y hasta ridículo escucharlo tanto por todas partes. Pero lo peor es que siempre se emplea en su sentido más negativo. Juzguen ustedes: Si ocurre una muerte por violencia de género, es porque ha fallado el protocolo; si las carreteras se han colapsado por la nieve, se tendrá que revisar el protocolo; si un transbordador naufraga, es porque ha fallado el protocolo, que no previó la carga; si en un hospital mueren tres niños de meningitis esa misma semana, es porque falló el protocolo; si los vuelos llevan un retraso de varias horas en plenas vacaciones, es porque ha fallado el protocolo de los controladores; si se ha desmoronado un edificio recién construido o ha habido un enorme problema en las redes wifi, es por un fallo de seguridad en el protocolo de actuación, y así sucesivamente. Como podemos comprobar, existe una estrecha relación entre el protocolo y los accidentes, los problemas u otros desafueros de la empresa privada o de la administración, de esos que ocupan el 95% de las noticias. Si no logramos salir de esa espiral, la ecuación protocolo-desastre en dicho contexto, será un hecho irreversible y no me extrañaría nada ver en la próxima edición del DRAE la definición de protocolo, en primera y única acepción como: Sustantivo empleado para desviar responsabilidades derivadas de un error humano. Excusa oficial en que se desplaza la culpa personal a un ente abstracto al que no se le puede juzgar ni despedir.

Feliz invento ese del protocolo.

 

rafaescrigfayos.es

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