Viajar

Viernes, 31 Agosto 2018 10:00 Escrito por  Rafael Escrig Publicado en Rafael Escrig Visto 1075 veces

¿Por qué excita tanto a las personas el deseo de viajar? No me digan que se trata de una moda, ni que la causa es el mejor nivel económico de las gentes, eso ayuda, pero no es la explicación ya que en todas las épocas ese deseo ha estado vivo. El deseo de viajar, aunque por diferentes motivos, estuvo presente desde las primeras migraciones  del hombre del Paleolítico y continuó hasta el siglo XIX con el interés que despertaron las ruinas clásicas y los pueblos exóticos. A partir de ese momento, con el invento de la máquina de vapor y del motor de explosión después, se aumentaron y facilitaron las opciones para viajar para conocer nuevas tierras, gentes y costumbres. Se democratizó el viaje. Pero hemos llegado a un punto en que todas esas cosas ya las conocemos. Ya conocemos todos los lugares porque los hemos visto cientos de veces en reportajes televisivos y porque, en muchos casos, ya hemos estado allí. Por cierto, nada comparable con un buen reportaje de televisión que te conduce personalmente y sin apreturas a los lugares más recónditos del planeta o a los escenarios donde ningún circuito turístico te podría llevar. Insisto, para ver bien una ciudad o unas ruinas históricas, lo mejor es un reportaje televisivo.

La constatación está en nuestra propia experiencia. Seguro que hemos estado en Praga y no conocemos Praga, o que hemos estado en Pompeya y no conocemos Pompeya, o que hemos visitado Toledo y no conocemos Toledo. Lo que quiero decir es que si nos ponen a cualquiera de nosotros delante de la Pirámide de Gizeh, lo primero que pensaremos es que es exactamente igual a la imagen que ya hemos visto antes en todas partes. Con lo que una buena imagen, exenta, en un mundo donde reina la comunicación visual llega a tener mucha más fuerza que la propia realidad, siempre borrosa y desdibujada por la naturaleza circundante. ¿Qué es lo que queda entonces? pues ese prurito de que “yo he estado aquí” que es otra de las cosas que nos excita tanto: coleccionar lugares. Entonces ¿qué es lo que nos hace desear los viajes? ¿Coleccionar lugares, hacer miles de fotografías compulsivamente, estar en el lugar de los hechos o la necesidad de aventura? Quizá sea esto último, aunque dudo mucho de que un viaje turístico al uso sea una aventura. Si llamamos aventura a lo que significa cambiar la rutina diaria por la rutina del viaje y nos conformamos con ello, perfecto. Pero eso significa que no sabemos lo que es una verdadera aventura, ni hemos vivido nunca ninguna, con lo que comporta de imprevistos, riesgos y peligros. Nada parecido a lo que buscamos en un viaje, salvo que seamos masoquistas y queramos pasarlo mal. Así que se queda en el aire la pregunta del principio. Espero que alguien me lo explique a mí algún día. Gracias.

 

rafaescrigfayos.es

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.