COVID-19, esta vez sí

Viernes, 13 Marzo 2020 09:37 Escrito por  Gabi Martínez Publicado en Economía Visto 213 veces

Las malas noticias, muchas veces son intencionadas, desproporcionadas y poco reales. Muchos, como el pirómano, disfrutan viendo arder el monte y si queda un árbol en pie, les gustaría poder “acabar la faena”.

Tras la reciente y todavía actual crisis económica, hemos aprendido que la prudencia y austeridad razonables, podrían haber evitado males mayores. Que aunque en lo más alto se sabía, a la mayoría nos pudo haber llegado tarde la verdad de la situación y la implantación de medidas de calado.


La economía familiar depende de quienes generan beneficios y los reinvierten. Hoy y posiblemente durante muchos meses esta realidad se puede ver considerablemente afectada.


¿Qué ocurre cuando los resultados se ven mermados considerablemente de repente? La tesorería se ve afectada y cumplir con los compromisos de pago se presenta como una dificultad mayor a la habitual.


¿Qué pasa con el Impuesto de Sociedades y el IRPF de los empresarios y profesionales? Son impuestos directos que gravan la capacidad económica del sujeto pasivo. Aquellos que tributáis por una estimación directa, “real”, si tu capacidad económica, tus resultados, son más positivos pagarás más, si más negativos, menos.


La empresa es el motor de la economía de un país, los impuestos son la única fuente de ingresos de una nación. A menor IRPF o ISS, la contabilidad nacional mostrará un balance menos favorable, una reducción de la capacidad de cumplir el presupuesto de gastos. La responsabilidad de quien dirige la economía de esta “gran empresa”, España, obliga a tomar medidas para cuadrar el balance. Indudablemente pasa por echar mano de las reservas, ampliar la deuda soberana, recortar gasto innecesario, etc. Medidas idénticas a la de cualquier empresa.


En este caso los clientes de la nación somos los empresarios y profesionales, los sujetos pasivos en general, y a su vez, somos el equipo humano receptor en especie de los beneficios.


Algunas soluciones las tenemos nosotros mismos. Entonces se llegó a pensar en el trueque. Ahora, por qué no, en la “intra financiación”, aplazar pagos en cadena –proveedor-intermediario-consumidor-¿xx? Pero también hemos aprendido que aquí cada uno debe aguantar su propia vela, esta vez ¿podría ser la tesorería pública ese último eslabón? Financiación pública o privada por las entidades financieras a las que tanto se les ha ayudado, que permita que el consumidor final no sea sobre el que se apoye la solución. Créditos rápidos y económicos para circulante. Alargamiento del pago de los impuestos ya aplazados. Reducción de los impuestos directos para aquellos que tributan por una estimación objetiva, no real. Incentivos para quienes se ven obligados invertir en seguridad. Etc.


Y la buena noticia, la confianza de que esta vez sí que podría ser así.

 

Gabi Martínez

Martínez Abad Consultores

Economista - Miembro Grupo ACE

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