Pataletas y otras conductas negativas

Viernes, 27 Marzo 2015 12:00 Escrito por  C.I. Ausiàs March Publicado en Psicopedagogía Visto 1465 veces
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Cualquier edad es problemática si el niño hace pataletas, no sabe encajar un "no", pega y grita, le encantan las amenazas o ha desarrollado cualquier otro hábito desagradable. Cuando se quiere modificar alguna conducta y mantener al niño en el buen comportamiento se pueden intentar algunas de las siguientes soluciones:

 

Las pataletas

La mayoría de los padres han tenido que aguantar pataletas, especialmente del niño entre dos y tres años que está intentando establecer su individualidad y quiere hacerlo todo a su manera y no como se le pide. De hecho, se trata de un signo de aumento de independencia y es bastante normal, aunque ello no significa que sea fácil de resistir, especialmente en público.

Las pataletas del niño tienen siempre algún motivo. Quizás se dio cuenta por casualidad de que este comportamiento daba resultados. En la mayoría de las ocasiones las pataletas tienen un fin concreto. Cuando ya no son útiles, es mucho menos probable que se produzcan.

El niño debe aprender que es una conducta inadecuada, que no conduce a ninguna parte y que no le ayuda en su frustración, ni le libra de su obligación ni modifica la manera de pensar de sus padres con respecto a algo.

 

Ignorar las pataletas

Es la fórmula más rápida para liberarse de este comportamiento, ya que el objetivo principal de la mayoría de pataletas es llamar la atención. Si se le ignora mientras está en un lugar seguro, se le enseñará que las pataletas no son eficaces y aprenderá a utilizarlas con menos frecuencia.

Apártese. Haga otra cosa mientras dure la pataleta. Hay que tener cuidado de no mirar al niño, ya que incluso una breve mirada podría prolongar la pataleta. Si no es capaz de ignorar la pataleta completamente, hay que intentar la táctica de repetir una frase clave para cambiar la conducta. Por ejemplo, dígale: "Cuando hayas terminado de llorar, vuelve y nos iremos a jugar". No diga nada más.

Cuando el niño termine la pataleta no hay que darse por enterado. Hay que recibir al niño como si no hubiese pasado nada, sin mencionar el incidente.

Poner al niño en el rincón si las pataletas persisten. Si la pataleta se prolonga hay que considerar otra alternativa. Los padres deben decir al niño que está bien que quiera hacer una pataleta, pero que ellos están cansados de oírle. Ponga al niño en una silla y déjele en un rincón en otra habitación donde no pueda verle, pero donde pueda controlarle.

Usar un sistema de elogios y recompensas para reforzar la cooperación. Se debe decir "Me ha gustado tu forma cooperadora de escucharme". Préstele atención cuando se comporte bien. Elogie y enseñe estrategias alternativas. Enseñe al niño las formas apropiadas de atraer la atención de los padres y de que exprese su frustración. 

Preste atención al niño cuando no haga pataletas. Esto le hará ver que sus buenos comportamientos se notan y que son apreciados. Incluso se puede llevar un diario de buenos comportamientos para recordárselos al niño.

Recompense la cooperación y el buen comportamiento. Podrá ganar puntos o pegatinas cada vez que acepte un "NO" sin hacer pataletas.

No dejar que el niño utilice las pataletas para eludir responsabilidades. El niño debe tener claro que las pataletas no le librarán de tener que hacer las tareas y que, a menos que colabore, tendrá que hacer tareas extra.

Actuar contra las pataletas, ocurran donde ocurran. La mayoría de los padres considera que las pataletas ya de por sí son bastante molestas y aun más si ocurren en público. La clave para controlar los arranques es actuar en el momento y en el lugar en que se produzca la pataleta. No enfrente al niño a situaciones problemáticas y si no queda más remedio haga que se integre en la actividad que se lleva a cabo (en la tienda, por ejemplo, puede ayudar en las compras).

Ponga al niño en un rincón de forma inmediata, no espere a más tarde. Si cree que molesta a la gente se debe llevar al niño a una zona más tranquila. Deberá permanecer allí  y no podrá volver hasta que se calme. El hecho de mantenerse firme en la decisión es la única forma de conseguir que comprenda  que se está hablando en serio.

 

C.I. Ausiàs March, Departamento de psicopedagogía y orientación escolar

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