Espiritualidad y tercera edad

Viernes, 13 Diciembre 2019 11:14 Escrito por  Marien García Jiménez Publicado en Salud Visto 83 veces

Puesto que la forma de envejecer ha cambiado en los últimos años, se plantea la necesidad, también desde la psicología, de pensar de nuevo en la vejez, en el proceso de envejecimiento, y en los distintos aspectos que lo envuelven. Dentro de estos aspectos o factores están, por ejemplo, los recursos personales o fortalezas del carácter de cada persona, y entre estos recursos personales encontramos la espiritualidad.

 

La espiritualidad puede entenderse como un conjunto de sentimientos, creencias y acciones que suponen una búsqueda de lo trascendente, lo sagrado o divino. Es una dimensión dinámica de la persona, referida a una experiencia subjetiva e individual que se expresa como búsqueda de sentido, propósito y trascendencia, y que se orienta a conectarse con uno mismo, con la inmediatez, con otros, con la naturaleza y con lo significativo o lo sagrado (Nolan y cols 2011).

 

La concepción que las personas tengan acerca de lo sagrado, de lo que haya más allá de la muerte, o las respuestas que se hayan dado a ciertas preguntas sobre nuestra existencia, del porqué y para qué de la vida, son preguntas esenciales en nuestra existencia que se hacen más relevantes cuando tomamos consciencia de que nos estamos acercando al final de ésta.  De ahí la importancia y la necesidad de que todo profesional que trabaje con adultos mayores comprenda y considere los referentes espirituales de cada individuo para poder encontrar la mejor manera de ayudarle a afrontar los retos y problemas que puedan ir surgiendo en el proceso de envejecimiento. Algunos estudios muestran cómo el temor a la muerte puede causar un estrés crónico que puede llevar a una significativa disminución de la calidad de vida de los adultos mayores (Koenig, 2001).

 

Tal es la importancia que está adquiriendo esta nueva concepción de cómo afrontar el final de la vida, que desde los Centros Residenciales Savia se ha creado un extenso protocolo con el fin de abordar, desde los diferentes puestos profesionales que trabajan en nuestras residencias, las necesidades de nuestros residentes, familiares y sus amigos.

 

Este protocolo hace hincapié en la necesidad de cuidar de forma integral a la persona, teniendo en cuenta todos los aspectos, tanto físico, como social, emocional y espiritual. Desde los centros residenciales Savia somos conscientes de que los cuidados no acaban en las necesidades físicas de la persona, sino que hay que tener en cuenta sus necesidades psicológicas y ofrecer y aportar apoyo emocional y comunicación sincera desde el respeto y la empatía.

 

Siguiendo los consejos de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), desde los centros residenciales Savia se procura:

• Entender a la persona como un ser complejo, dinámico, único y de naturaleza espiritual.

• Entender que la muerte supone, junto con el proceso de morir, un fenómeno activo que implica a la persona en todas sus dimensiones, independientemente de sus creencias.

• El modelo asume también que el sufrimiento será mayor si existe desequilibrio entre el nivel de amenaza percibido y los recursos para hacerles frente.

 

Ya hay algunos estudios que apuntan en sus resultados hacia un aumento del bienestar y una mejora en la calidad de vida de los pacientes después de haber realizado alguna intervención sobre cómo acompañar en los últimos momentos de vida y duelo, hay un efecto positivo del cuidado paliativo integral que incluya la atención de las necesidades espirituales de los pacientes (Oliver et al.,2017). Es, por lo tanto, primordial continuar con estas investigaciones para poder ofrecer el mejor tratamiento y acompañamiento a nuestros mayores. Atender esta esfera espiritual nos ayudará a un mejor y más completo abordaje para comprender sus miedos y disminuir su posible angustia en esta última etapa de la vida. Ayudar a afrontar y tomar nuestras últimas decisiones y a morir en paz puede ser, quizá, la más importante de nuestras intervenciones a lo largo de la vida.

 

Marien García Jiménez, Psicóloga Savia Picassent

 

 

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