Tradición y honor

Divendres, 13 Mai 2016 10:47 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 1550 vegades
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Guardia Suiza Guardia Suiza

El Comandante de la Guardia Suiza Pontificia no llegó a cruzar el umbral del vestíbulo del Palacio Apostólico. Una mano hábil, desde las sombras, se abalanzó sobre él, clavándole una daga. Para cuando llegasen los soldados de la Guardia ambos habrían desaparecido. El Santo Padre siguió esperándole en su dormitorio, junto al Cardenal Secretario de Estado; éste trató de convencerle -una vez más- de que ni el Comandante ni la Guardia Suiza eran de fiar. Además, añadió, representaban un elevado coste para las arcas; había que renovar la institución tras siglos de derroche, incluyendo el vestuario, matizó. ‘Parecen payasos, eminencia, con todos mis respetos’. A continuación hizo un gesto como disculpándose. El Sumo Pontífice, cansado y decepcionado, le pidió que se retirase. Más tarde, desde su despacho, el Cardenal efectuó una llamada: todo había salido según lo acordado, le dijeron, ya solo era cuestión de días convencer al Santo Padre de que la Guardia Suiza, aquel obsoleto y absurdo cuerpo de coloridos escoltas, fuera sustituido por la Gendarmería Vaticana. Antes de entrar en su dormitorio recibió una visita inesperada. «Eminencia, aquello lo hice por dinero, esto por honor –le susurró el sicario hundiendo nuevamente su daga–; hace años también yo fui soldado de la Guardia Suiza».

 

Ginés Vera

Modificat el Divendres, 13 Mai 2016 10:52