Pedrito, el Mofeta

Divendres, 27 Mai 2016 10:49 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 1849 vegades
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Cerró los ojos para concentrarse, en breve recibiría el aviso del juez de pista. Miles de aficionados chillaban animándole desde las gradas del estadio olímpico. Se hizo el silencio en el instante en el que se aisló mentalmente. Le vino, sin saber muy bien por qué, un recuerdo de juventud. Esbozó una sonrisa a pesar de que, como en aquella ocasión, con los nervios atenazándole como entonces, sintió un runrún en su interior. Tenía allí catorce años, las clases de gimnasia en el colegio le aterraban, no solo porque no era muy atlético, también por las continuas burlas por su aspecto enclenque. Se moría de vergüenza sobre todo cuando la chica que le gustaba también se reía ante las mofas y comentarios del eterno abusón. Ese día tocaba salto en altura, tras dos intentos fallidos la profesora le amenazó con el suspenso, debía esforzarse más. El abusón se le acercó, le dijo que cuando estuviera en pleno salto se ventoseara. ‘Eso te dará impulso’, se rio a carcajadas. También sus compañeros, más tarde su enamorada. Debieron traicionarle los nervios o el inconsciente pues, tras el impulso, siguió el dudoso consejo. ¡Puf! y saltó por encima de la barra. Desde aquel día le llovieron las burlas, el mote le duró hasta la universidad. Siguió saltando. Primero de forma amateur y, más tarde, federado, obteniendo trofeos y reconocimientos, impulsándose siempre en el punto álgido un poco más que sus competidores. ¡Puf! Nunca confesó ni la anécdota ni su secreto. Al principio porque no le hizo falta, no lo achacaba al escape fisiológico. Pero vio que sí, que su intestino reaccionaba más allá de su voluntad. Con ese plus aéreo consiguió batir records y la ansiada clasificación para el equipo nacional de atletismo en unos Juegos Olímpicos. Regresó a la pista al abrir los ojos, le tocaba el último salto, de él dependía superar a los primeros clasificados, acariciar la medalla. Un rumor en su intestino le avisó de que había llegado la hora, tomó carrerilla y se impulsó con el pie derecho; en lo más alto se dejó llevar, expulsó el puf, propulsándose lo suficiente para no rozar el listón. Se puso en pie en la colchoneta celebrando la marca en los luminosos: nuevo récord y medalla de oro olímpica. Posando para la foto se acordó nuevamente de aquella clase de gimnasia escolar, de aquél cómico mote de juventud.

 

Ginés Vera