La vecina del quinto

Divendres, 09 Setembre 2016 09:32 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 1946 vegades
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'A Palomeitor'

Estoy más nervioso que en mi primera vez, y de aquello hace años. Tantos que ni recuerdo los detalles. Sé que no debería, ahora es distinto y no solo porque se trate de mi vecina. Como ella misma dijo, solo se pasaría un rato. «No quiero robarte mucho tiempo», añadió. Me quedé sin saber qué decir. Aún me cuesta adaptarme a los cambios, me refiero a que entonces éramos nosotros los que les pedíamos a ellas bailar y luego salir. En la discoteca buscábamos cualquier excusa para quedarnos a solas en el aparcamiento o en los asientos de un coche, normalmente el de un amigo. Ahora todo ha cambiado. Me han llegado a abordar divorciadas en un bar para que les invitara a una copa y preguntarme si vivía cerca o si quería que fuéramos a su piso. Lo he pasado mal si, con los nervios, no he sabido dar la talla, al día siguiente me parecía como si todo el mundo me juzgase. Malditas redes sociales. Solo espero que no me pase con mi vecina. Es joven, atractiva y vive sola. No sé en qué trabaja, pero se pasa el día pegada al móvil. De hecho, la primera vez que conversamos más allá de un saludo cortés iba con él como si siguiera una fuga de gas. Me acompañó al rellano de mi casa, la invité a entrar, pero me dijo que tenía prisa, sonrió diciendo que otro día sí. Imaginé que era una forma educada y moderna de dejar abierta la posibilidad de quedar y conocernos mejor. No tardó en venir. Entró en el salón preguntando no-se-qué sobre mi televisor, móvil en mano. Creo que fue una excusa, pues se marchó enseguida. Me armé de valor un día en el ascensor invitándola a una copa informal. 

Lo tengo todo preparado. Oigo el timbre. Es ella. Me alegra que no haya venido muy arreglada. La veo pasar con confianza, sentarse en mi sofá sin soltar el móvil. Qué obsesión. Ni ha mirado la mesa. Tras buscar un tema de conversación banal le pregunto: «Entonces, ¿qué?». «¿Qué de qué?», me contesta. «Ya sabes», me pongo más nervioso todavía. No entiendo nada cuando dice que se va ya. «¿Ya?». Tampoco cuando me explica, frotando la pantalla de su móvil con un dedo, que tengo mucha suerte: «Debe ser genial tener una pokeparada en el salón».

 

Ginés Vera