La calabaza mágica

Divendres, 30 Setembre 2016 10:06 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 2051 vegades
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Llega septiembre y, como cada año, recogeré las calabazas del huerto para preparar mermelada. Sé que a mis hijos les gusta, y creo que también a mi nieta aunque ahora piense más en otras cosas, me dicen sus padres. Ellos refunfuñan un poco cuando vienen a verme, insisten que no me moleste, que no hacía falta tanto esfuerzo cocinando. Les comento que estas cosas me entretienen y, sin darme cuenta, les hablo de mi niñez, de cuando mi madre también hacía mermelada en septiembre. En el fondo temen que les refiera de nuevo una historia que se saben de memoria. Mi nieta no. Levanta la vista de su teléfono móvil al que parece pegada con sus juegos. Miro a sus padres resignados por escuchármela contar de nuevo. Yo tendría más o menos la edad de mi nieta cuando mi madre dejó unas calabazas en un rincón de la despensa. Me gustaba ir a mirarlas, repasar con el dedo su piel rugosa. Una pareció moverse al tacto, al acariciarla de nuevo volvió a pasar. Eran pequeños movimientos como si quisiera arrancar a andar o despertar de un sueño. Mi madre no me creyó, tampoco mi padre. Mi nieta me mira ahora interesada, retiene en los labios la pregunta que en su día me hicieron mis hijos al contársela por vez primera. Para mí se trataba de una calabaza mágica. Cuando le insistí a mi madre me acompañó a la despensa, aguardamos. No pasó nada. Ya iba a apagar la luz entre regañinas cuando vimos que se movía. Incluso percibí un ruidito que aumentó al acercarme, al apoyarme sobre ella haciendo sonreír a mi madre. Imaginé que me hablaría de las calabazas mágicas, de que había descubierto otro secreto infantil, como el de Santa Klaus en Navidad. «¿Y qué pasó?», me pregunta mi nieta intrigada, ignorando el zumbido del teléfono parecido al de aquella calabaza mágica. «Un ratón», se adelanta mi hijo. Ella parece no entender, quizá se imagina otro tipo de ratón. Le cuento que mi madre cogió un gran cuchillo y al partir en dos la calabaza salió corriendo un ratoncillo. Mi nieta me mira decepcionada, regresa a su teléfono, a su juego de atrapar bichos virtuales que no existen frotando la pantalla, dando vueltas por la casa. Mis hijos tratan de consolarme diciendo que la mermelada está muy rica, que ahora los niños encuentran la magia en internet. 

 

Ginés Vera