El Belén

Dijous, 18 Desembre 2014 01:00 Escrit per  Publicat en Rafael Escrig Vist 1549 vegades
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Ha llegado el momento de bajar la caja donde guardamos el belén, las piñas, el espumillón y todas esas pequeñas cosas con que adornamos nuestras casas en estos días. Quizá lo hayan hecho ya. Si no es así, sacaremos esas figuritas de barro o de plástico, según cada cual, y las iremos poniendo sobre la mesa del rincón donde siempre las ponemos. En nuestro caso, cada año están más feas y cada año nos proponemos cambiar alguna e incluso sustituirlas todas, pero ahora ya es tarde y las ponemos sin más. De acuerdo, hay algún borreguito que es más grande que el pastor, no importa, al pastor lo pondremos más lejos. ¿Y el corcho? Deberíamos poner más corcho para las montañas, pero no vamos a ir ahora a comprarlo. No importa así está bien. La verdad es que la estrella está hecha polvo, pero si no vamos a cambiar nada, se queda la estrella. Lo que sí cambiamos cada año es el río. Cogemos un pedazo de papel de aluminio de la cocina y tenemos un río de plata precioso, con su curvita, con su puentecito y su pastorcita fregando en la orilla. Los reyes vienen por detrás montados en sus camellos. Uno de ellos no se sostiene bien y lo pegamos con un poco de celo, como no se ve… Ahora viene el paisaje de fondo, ¿ponemos o no ponemos? El del año pasado no está mal del todo, un poco arrugado pero nos sirve. 

Ya tenemos el belén montado. Lo miramos de lejos y de cerca, retocamos alguna figurita, igualamos el serrín del fondo y nos felicitamos de lo bien que ha quedado. No ha sido difícil, en un par de horas todo terminado. Hay a quien le cuesta mucho más. Hay quien adorna toda la casa; cada metro cuadrado, cada esquina y cada rincón. Hay quien se deja la piel con el árbol de Navidad, quien le pone infinidad de colgantes, de lazos y de luces, quien no se deja nada por decorar con velas, con bolas, con guirnaldas y mil detalles navideños, y hasta un belén lleno de preciosas figuritas, y me parece muy bien que lo hagan así. Estos días de Navidad en que toda la familia se reúne es muy conveniente darle a la casa ese ambiente de luz, cargado de simbolismos que nos recuerden una fiesta tan querida y entrañable. Es esa fecha en que vamos a recibir alguna visita: los suegros, la cuñada, algún novio, alguna tía, algún amigo y queremos que todo esté perfecto, y que puedan decir cuando se marchen: -¿Has visto que bonito y decorado que estaba todo? 

Yo tengo una envidia muy grande al ver esas casas que parecen listas para salir en un reportaje, que lucen con campanillas doradas y guirnalda por todas partes, que parece que han absorbido todo el espíritu de la Navidad. Yo sólo tengo un pobre belén que saco año tras año y lo coloco en el mismo rincón, con una estrella que languidece y un rey que se cae del camello. Es un belén con más de treinta años y es el que seguiré poniendo siempre. Además, creo que mis hijos no me dejarían tocar nada. Como si lo viera: el año que viene volveré a sacar nuestro belén y volveré a pegar al rey sobre el camello y pondré ese fondo arrugado de montañas y estrellas y haré un precioso río con papel de plata albal. 

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