Los tatuajes

Dimecres, 30 Setembre 2015 09:40 Escrit per  Rafael Escrig Publicat en Rafael Escrig Vist 1636 vegades
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"¿Quién es el que todavía no se ha hecho un tatuaje?" "¿Quién es el que todavía no se ha hecho un tatuaje?"

Eso de los tatuajes es algo que se está extendiendo como la pólvora. Ya ha llegado a todos los ámbitos, a todas las edades, a todas las clases sociales. Aquello que hace algunos años en España era patrimonio y distintivo de legionarios, marineros y gente carcelaria, lo lleva ahora todo el mundo. Lo mismo se tatúa una señora de cincuenta, que un universitario, una chica de instituto, un trabajador de banca o un repartidor. No digamos en las altas clases sociales, eso que decimos la jet set: modelos, actrices, deportistas, cantantes, burgueses y aristócratas, todos se han apuntado a la moda del ‘tatoo’. Y es que hay modas que más parecen consignas, por no decir epidemias. Esta del tatuaje es como una fiebre que afecta a todos aquellos que hacen las cosas arrastrados por la corriente, sin más. Sin plantearse siquiera qué pensarán de ello dentro de veinte, treinta o cuarenta años, cuando lo que se lleve sea la piel blanca inmaculada y ellos sean una especie de grupo social marginado, tal como veíamos nosotros en nuestra juventud a esos tipos con un puñal tatuado en el brazo o unas letras que decían “Amor de madre”.

¿Quién es el que todavía no se ha hecho un tatuaje? Desde el discreto dibujito en el hombro, hasta el rebuscado tatuaje a todo color en la espalda, pasando por el pequeño detalle en el tobillo, en la nuca o en una de las nalgas. Está de moda eso de decirle a una amiga: “¿A que no sabes dónde me he hecho el último tatuaje?”

Ya sabemos que el tatuaje no es una cosa de ahora, que probablemente data del Paleolítico, que todas las culturas se han tatuado alguna o todas las partes de su cuerpo: egipcios, celtas, chinos, japoneses, indios americanos… Fue en el siglo XVIII, cuando los marineros ingleses y holandeses, en sus viajes a la Polinesia donde el tatuaje era una parte importante de la identidad cultural de sus gentes, imitaron e importaron a Europa esa costumbre. Dice el capitán Cook en su diario: “Imprimen signos en los cuerpos de la gente y llaman a eso tattow”. Los indígenas decían Tau-tau, que significa choque de huesos. 

Yo que siempre he pensado que eso de adornarse y pintarse la cara era un residuo atávico de nuestro pasado tribal, para resultar más atractivos al sexo opuesto o para infundir miedo al enemigo, y que el grado de civilización iría igualando los sexos al mismo tiempo que se abandonaban esas costumbres, resulta que estaba terriblemente equivocado y es ahora más que nunca cuando estamos recurriendo a esos y otros artificios para cambiar nuestro aspecto físico en aras de la modernidad o de un supuesto atractivo. Creo que para ello, piercings y tatuajes no nos hacían ninguna falta, a no ser que tengamos el instinto genético de desfigurarnos. En ese caso, nada que decir.