Los nombres de las calles

Divendres, 26 Febrer 2016 10:34 Escrit per  Rafael Escrig Publicat en Rafael Escrig Vist 1381 vegades
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Poner el nombre a una calle no debería resultar complicado, si no nos empeñáramos en querer contentar a un político, una institución, un escritor, un artista y, a veces, hasta a un santo. Pero eso sí, siempre que estén dentro de la ideología del gobierno de turno. Antes era el mismo pueblo el que ponía el nombre a las calles. Así tenemos esos nombres tan perfectos como calle del Mar, calle del Hospital, plaza del Mercado o calle de la Correjería. Esto ocurría en la Edad Media, pero a partir del siglo XIX será el Estado el que decida los nombres y lo hará con un criterio totalmente arbitrario. Así pues, dependiendo del Gobierno en el poder, las calles irán cambiando de nombre una y otra vez, según las preferencias de cada cual. Todos podemos ver nombres que recuerdan personajes del periodo de la Dictadura, así como, nombres que empezaron a pulular a partir de los llamados Primeros Ayuntamientos Democráticos. Entonces apareció el sarampión de nombres como: de la Constitución, de la Democracia, de la Libertad, de la Concordia, de la Igualdad. Nombres, todos ellos muy ostentosos pero totalmente huecos, porque sonaban a publicidad. Igual que suena a publicidad coger por delante a todos los poetas con ideología de izquierdas y ponerles una calle: Lorca, Hernández, Neruda, Machado… No es me queje de esos poetas, el problema es que solo son esos poetas. Los políticos se inventarán una calle si es necesario, para poder ponerle el nombre del personaje del momento, así sucedió con Nelson Mandela, cuando éste señor tenía máxima audiencia en la televisión, igual ha ocurrido con Rosa Luxemburgo o con Roberto Bolaños. ¿Por qué precisamente ellos?, me pregunto. ¿Por qué no se inaugura una calle a Nietzsche, a Darwin o a Alexander Fleming o a Manuel de Falla, que nos cae más cerca? Porque todo es un trapicheo político, en que lo principal es que se note bien quien manda. El Pleno del Ayuntamiento de T.B., muy democráticamente, ha puesto a votación entre sus ciudadanos el nombre para una nueva calle, dando a elegir entre dos candidatos, ambos quizá lo merecen, pero la cuestión no es merecerlo, ni obtener más votos. La cuestión es que la votación es maniquea, porque solo hay dos candidatos. Esto es como preguntarle al niño si quiere más a la mamá o al papá. Creo que los nombres de las calles deberían ser absolutamente neutros, intemporales y universales, además de eufónicos y agradables. Supongo que esto es demasiado complicado y a los alcaldes les resulta más sencillo poner el nombre que les sopla alguien de arriba o hacer que se mojen los demás, para no fallar. Nos dejaremos llevar por la corriente y, ya que nos dan la opción, pondré una crucecita en la casilla correspondiente, como en las elecciones, pero indicando mi desacuerdo con el sistema, aunque ahora me acabo de acordar que esto solo es para los que están censados en T.B. ¡Mala suerte!

 

Rafel Escrig