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Dimarts, 25 Mai 2021 11:05

La pandemia

Hace poco más de un año, la población se podía dividir entre hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, entre los que eran del Real Madrid o del Barça, etc. Pero esto ha dado un cambio. En la actualidad, la población mundial se divide claramente en tres grandes conjuntos: los que están vacunados contra la Covid 19, los que no lo están y los que están a medias. Este hecho, necesariamente, tiene su reflejo en las noticias, en los debates y en las conversaciones más triviales, esas que se dan entre conocidos que se cruzan por la calle. Es lógico que la importancia de la pandemia, haya creado una preocupación real, por los miles de víctimas y de infectados de todo el mundo. Para justificar dicha preocupación, nuestros gobernantes han hecho como si supieran lo que tenían que hacer, intentando disimular, muy mal por cierto, su ignorancia y la ineptitud para conducir la situación. Como resultado de esto, hemos sufrido un verdadero desastre desde el principio hasta hoy mismo. Un desastre que no ha pasado factura a los políticos responsables. O a quienes se saltaron el orden de vacunación. Tampoco ha pasado factura a nadie, por la indefensión de los sanitarios desde el primer momento. Tampoco le ha pasado factura al portavoz Fernando Simón, ni al ministro Salvador Illa, por su palmaria ineptitud y, por supuesto, tampoco se la pasa a Pedro Sánchez, el primer responsable del desastre. El señor presidente es el que dijo por televisión cuando declaró el estado de emergencia: “Nadie quedará atrás, podéis estar seguros. Nadie va a quedar atrás.” ¿Conoce la vergüenza el señor Sánchez?, me pregunto. Paralelamente, aparecieron los debates en las cadenas de televisión y en la prensa escrita. También aquí todos sabían lo que era el virus y lo que se tenía que hacer. Como apoyo de tanto especialista, llegaban los expertos, los famosos expertos, médicos, científicos y virólogos de todos los colores, para explicarnos que el virus se propagaba de esta o de la otra manera, que la mascarilla más apropiada era una y no la otra. La confusión en que nos han tenido, se hizo insoportable, haciendo que cundiera el miedo, sobre todo en la población mayor. El gobierno y los “expertos” habían conseguido lo más difícil, que la gente se quedara en casa muerta de miedo y sin ingresos “nadie se va a quedar atrás” ¿recuerdan?

Después de un año y tres meses de pandemia, una estimación oficial, que no real, contabiliza en España más de ochenta mil muertos hasta el momento y alrededor de tres millones y medio de contagios. Después de todo ese tiempo, el miedo patológico de la población y la impotencia, han dado paso a la ironía, único mecanismo de defensa que nos queda, para sobrellevar tanta carga emocional. El otro día sorprendí esta conversación entre dos amigos de setenta años —Qué ¿te han puesto ya la primera dosis? —Pues a mí aún no me han llamado. —¿Y qué te han puesto a ti, la mala o la Faicer esa? —Qué más da, de algo nos hemos de morir. —Pues nada, si no nos vemos más, ya sabes...

Con bromas así, cargadas de humor negro, es como los ciudadanos de a pie, intentamos reconducir toda nuestra rabia y resentimiento. Y todo esto sin pasar factura a nadie. Ahí están todos los políticos sin moverse de sus puestos y cobrando lo mismo que antes. Y ahí están los que se han quedado en la calle o los sufridos autónomos de siempre, claro.

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Divendres, 23 abril 2021 10:59

Sírvase usted mismo

Estoy en la terraza de un café, en medio de la calle; no dejan estar dentro. Me advierten que a las cinco y media empezarán a recoger. Tengo cuarenta y cinco minutos escasos para tomarme este café cortado que he pedido y que me he servido yo mismo, lo que aprovecharé para escribir un poco sobre esto. ¿Se han fijado que cada vez nos dan más libertad para que nos hagamos las cosas nosotros? Quizás sea esto una de las servidumbres de la modernidad. Sírvase usted mismo en el supermercado o en la tienda. Sírvase usted mismo en la gasolinera. Sírvase usted mismo en el café, y si se lo lleva a casa mejor aún, así no tienen que limpiar la mesa. Sírvase usted mismo en la Administración del Estado: entre en Internet, rellene tal formulario, espere una clave en el móvil... Sírvase usted mismo en el banco. No pretenderá que le atiendan personalmente ¿verdad?, y si lo hace desde su ordenador  mucho mejor; menos molestias para la empresa que está beneficiándose de su dinero. ¡Faltaría más!

 

Esta terrible pandemia que estamos sufriendo, ha conseguido, que nuestro médico de cabecera atienda nuestras dolencias por teléfono. Las consultas están vacías y el médico, desde su despacho, receta, aconseja, ordena un análisis o te deriva a un especialista. ¿Pero cómo no se habían dado cuenta antes? No me extrañaría que un día nos digan por teléfono cómo hemos de suturarnos una herida o que ese dolor que tenemos en el costado es un cólico nefrítico o son gases. No sé si exagero. Lo que sí es cierto es que muchas de estas cosas, han llegado para quedarse.

 

Que en todos los servicios las máquinas van a sustituir a las personas, es algo que desde el siglo pasado se venía diciendo. Las máquinas expendedoras están por todas partes. Los robots al teléfono son una realidad desde hace mucho tiempo. Por cierto, ¿no será también un robot el médico que nos atiende por teléfono cuando llamamos al ambulatorio?

 

Muchos pensarán que el que no te atiendan personalmente nos da más libertad. Pero de lo que no nos damos cuenta es que cada vez estamos más sujetos a esa tiranía del sírvase usted mismo y, nos guste o no, podamos o no, hemos de pasar por ello. La atención personal está pasada de moda, amigos.

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Divendres, 05 Març 2021 11:23

Pañuelos en la cabeza

Este pasado mes de enero nos dejó con frío intenso, borrascas, nieve, más borrascas, viento, mucho viento para despedir enero y para recibir febrero. En Valencia, estos últimos días, estamos disfrutando de un adelanto de la primavera, pero no deja de hacer viento. 

 

De lo que yo quería hablar, es del efecto que causa el aire en nuestro sufrido peinado, precisamente ahora que me he dejado crecer el pelo hasta donde nunca imaginé. Yo recuerdo hace bastantes años que cuando hacía un día de viento, las mujeres salían a la calle con pañuelo a la cabeza. Ya fueran mayores o jóvenes, casadas o solteras, todas con pañuelo a la cabeza atado al cuello con un pequeño lacito. De hecho, se vendían enormes cantidades de pañuelos para la cabeza, también los había para el cuello y para la nariz. Pero todo eso pasó a la historia. Creo que ya nadie usa pañuelo a la cabeza, ni tampoco para sonarse. Los clínex de papel han ganado la batalla de las narices. 

 

El pañuelo para la cabeza era de unas medidas especiales, ni muy grande ni muy pequeño. Floreados, lisos, de rayón o de algodón. Era el complemento infalible en el armario de una mujer. Yo tengo en casa un cajón lleno de pañuelos de aquel entonces. Pañuelos heredados de mi madre y de mi tía de todas las medidas y colores. Unos bordados, otros de recuerdo de alguna ciudad, otros pequeñitos y otros enormes. 

 

Estos días pasado, yo he echado en falta ver esos pañuelos por la calle. Ya no hay quien los use. Nos parecería la mar de extraño ver a una mujer con pañuelo a la cabeza, a no ser que fuese una rumana de esas que piden en la puerta de los Mercadona. También los ha echado en falta todo aquel, hombre o mujer, que lleva el pelo largo, porque ha estado todo el tiempo quitándose el pelo de la cara. En estos casos, tampoco sirve el sombrero o la gorra, a no ser que te la ates al cuello. Sin embargo, el pañuelo es la solución perfecta para que no se salga ni un pelo e ir por la calle tan fresco en un día de viento. Desgraciadamente, creo que ya no se volverán a poner de moda. Ahora se usan otras cosas que se llaman turbante, bandana, pañoleta, y otros tan extraños como tubular o buff. El clásico pañuelo para la cabeza, se fue y le han sustituido un montón de cosas raras. En Internet he visto una página que dice: 100 ideas de Pañuelos de cabeza para 2021. Pero ¿qué hago yo con los cien pañuelos que tengo en los cajones?

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Dijous, 04 Febrer 2021 12:11

Nunca somos nosotros

Hablemos con quien hablemos sobre el tema, todos se sumarán a la crítica y coincidirán con que las cosas se hacen muy mal en este país, que amenazando con multas es de la única forma que se consigue algo. Me estoy refiriendo, claro está, al incivismo cada vez más presente en nuestra sociedad. Probablemente usted mismo ya lo habrá comprobado hablando con algún desconocido en la barra de un bar, en la peluquería, o en el autobús, escoja la situación y verá que siempre que aparece la conversación sobre la mala conducta ciudadana, hable con quien hable, todos la criticarán sin excepción. Y yo me pregunto, si eso es así, si todo el mundo confiesa estar en contra ¿quiénes son esas personas incívicas de las que hablamos? ¿Dónde están los que ensucian, los que rompen, los que no cumplen las normas más elementales de civismo? ¿Acaso son todo imaginaciones, o es que realmente es en todos nosotros donde radica el problema? Lo que ocurre es que no tenemos la valentía de reconocerlo y nos vestimos con la máscara de la hipocresía cuando alguien nos lo pone delante. ¿Quiere decirme usted que no ha tirado nunca al suelo el más mínimo papel? ¿Quiere decirme usted que no ha tirado nunca un plástico, que no ha tirado nunca una colilla desde el coche o que no ha dejado que su perro orine en la rueda de un coche? Todos tenemos esos pequeños pecados a buen recaudo, ocultos en nuestra cámara de los secretos, quizá también otros no tan pequeños, pero en ningún caso tendremos el desliz de contarlo ni la vergüenza de confesarlo. Después diremos todos a coro que este es un país con muy mala educación, que nuestra sociedad es modelo de incivismo, que hay mucha incultura. Pero hasta que no reconozcamos uno por uno todos nuestros errores y aprendamos a corregirlos, siempre veremos la mala educación y el incivismo en los demás. Nunca somos nosotros. 

 

Rafael Escrig

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Divendres, 18 Desembre 2020 10:24

Los bares en España

Los bares en España, son el principal servicio público de que dispone el ciudadano. Los puedes encontrar en cualquier parte y a todas las horas del día. Para darnos cuenta de lo que significa un bar, hemos de dar un vistazo a la cantidad de servicios que nos proporcionan, desde el desayuno o la comida, hasta una copa de alcohol cuando la necesitas. En el bar están tus amigos, tu distracción, tu tiempo de relax, la toilette y el vaso de agua. Allí puedes pasar el rato. Es el lugar de reunión perfecto, la referencia infalible. El bar, se podría decir que es nuestra segunda casa. Siempre estaremos deudores con los bares. Para darnos perfecta cuenta de lo que representa el bar, lee lo que sigue a continuación. Como podrás comprobar, nos dan mucho más de lo que reciben de nosotros. Y por bien poco, te hacen la vida mucho más soportable. Demos gracias a todos los bares y cafeterías que hay repartidas por todos nuestros pueblos y ciudades.

 

LAS COSAS QUE TE DAN EN UN BAR SIN TENER QUE PAGAR:

 

Aparte de poder ir a los servicios, que no es poco.

Agua del grifo.

El periódico.

Palillos.

Servilletas de papel.

Bicarbonato.

Quitamanchas.

La hora.

Una dirección.

El dominó.

Reposo.

Fuego (cuando se podía fumar).

Conversación.

Un bolígrafo.

Un papel para escribir.

El listín de teléfonos (cuando había teléfonos).

Distracción en la tele.

Un amable saludo.

La razón.

 

LAS COSAS QUE TÚ PUEDES EXIGIR:

 

Educación.

Limpieza.

Papel del váter.

Agua del grifo.

El libro de reclamaciones.

 

COSAS QUE TE PUEDEN EXIGIR:

 

Educación.

Que pagues lo que has consumido.

Que devuelvas la cucharilla del café.

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Divendres, 30 Octubre 2020 09:45

Palomas, tórtolas y cotorras

A simple vista parece que no, pero la enemistad entre tórtolas y palomas es un hecho. Para la mayoría de todos nosotros, todo son palomas. De ahí precisamente nace el odio que se tienen entre ellas, porque no quieren que se las confunda. Las palomas, de momento, mantienen ese cariz de nobleza y bondad que les dio la tradición, no se sabe muy bien por qué. Por eso han colonizado los mejores lugares de los centros históricos. Hacen como los mendigos, se ponen donde pasa más gente y así siempre les cae algo. Las tórtolas, por su parte, resignadas, se han quedado como quien dice, fuera de juego. De vez en cuando hacen alguna incursión en bandada pero sin éxito, ya que el prestigio de las palomas es muy alto y no hay quien las saque de sus puestos. Últimas noticias nos hablan de la creación de un cártel entre los diferentes grupos de tórtolas con otros grupos del extrarradio, para cambiar la situación. Si la creación de dicho cártel se realiza, no se augura nada bueno para las palomas, que sólo por la diferencia de número, tendrían las de perder. No obstante, el peligro de que esto ocurra está aún muy lejano. Investigadores de crédito apuntan que la inteligencia y la capacidad de las tórtolas para ponerse de acuerdo entre ellas, es muy limitada. ¿Qué ocurrirá al final de esta historia? ¿Se equivocarán los investigadores y resulta que las tórtolas tienen mucha más inteligencia de lo que se creía? ¿Existen entre ellas elementos mutantes, al estilo de los 4 fantásticos? Nada se sabe a ciencia cierta. De momento sólo se ven algunas paseando por la acera como si buscaran algo y mirando de soslayo a uno y otro lado. Puede que ya estén calculando las posibilidades para actuar o puede que sólo busquen esas cosas invisibles que picotean de vez en cuando. ¿Quién sabe?

 

Pero no acaba ahí la cosa. Hay un tercer actor en este drama. Se trata de un personaje que no cuenta ni con tórtolas ni con palomas para adueñarse de todo el terreno. Va a su aire y sus métodos son inapelables. Actúa por las bravas, sin importarle nada, lo mismo que Donald Trump. Y además ambos se parecen un poco, me refiero a las cotorras argentinas. Entre palomas y tórtolas los problemas se dirimían igual que en la guerra fría: espionaje, amenazas, amagos… Ahora, con este nuevo actor, todo está cambiando. Lo que sí es cierto es que la única víctima de esta rivalidad ha sido el pacífico y simpático gorrión. Los gorriones han pagado el pato de esta guerra solapada. Se han ido o han muerto víctimas de la ocupación abusiva de unos y de otros. Los gorriones son los desheredados, refugiados sin ayuda de Cruz Roja, ni de ninguna oenegé. Ya podemos ir despidiéndonos de los gorriones que antes poblaban campos y ciudades. Los bárbaros han llegado para quedarse.

 

Rafael Escrig

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Divendres, 25 Setembre 2020 10:41

El virus y las manos

La famosa pandemia que estamos viviendo, nos trajo en marzo una novedad a todos los ciudadanos. La novedad era que teníamos que lavarnos las manos. En esos primeros meses de la primavera, la gente se lavó las manos como nunca antes lo había hecho. Nos lavábamos las manos con insistencia, con ardor y con verdadera pasión. Nos lavábamos las manos a cada momento, frotando bien para matar a lo que fuera que tuviéramos entre los dedos. Nunca las bacterias estuvieron más amenazadas en nuestras manos.

 

Recuerdo una señora que estaba delante de mí en la farmacia y le pedía al farmacéutico ese líquido para lavarse las manos. La farmacia no disponía en ese momento de existencias. No se preocupe usted, señora, le decía el farmacéutico. ¿Usted se lava las manos con jabón? Claro que sí, muchas veces, y con lejía, le contestaba la señora. Pues entonces no se preocupe usted que ya es suficiente. No, no. Yo quiero una botella grande de ese líquido. Pídamela usted y yo vendré a por ella, insistía la mujer. Pero tenga usted en cuenta que así se le va a resecar la piel, le aconsejaba el farmacéutico. No, no se preocupe que ya me pondré crema yo. Usted tráigame de eso. De la grande, eh? La señora tendría unos ochenta y tantos años y temía enfermar por no ponerse líquido de ese.

 

Situaciones como esta se han sucedido en las farmacias, tanto para comprar el gel hidroalcohólico, como las mascarillas o los guantes. Eran esos primeros días que escaseaba de todo y la gente se tapaba con mascarillas caseras y se lavaba las manos a dos por tres. Ahora hay sobradas existencias de todo. Hay mascarillas para aburrir. Los guantes apenas los usamos y el gel no sé si tanto, pero se sigue usando. Lo que ya no estoy tan seguro es si nos seguimos lavando las manos con la misma urgencia con que lo hacíamos entonces. No sé si esa señora que me encontré en la farmacia ya se ha calmado o sigue con su neurosis del lavado. Supongo que todos nos hemos serenado un poco. Lavarnos las manos está bien, otra cosa es borrarnos las huellas dactilares a fuerza de frotar.

 

Rafael Escrig

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Divendres, 28 Agost 2020 10:30

Las tragedias

Estos últimos días me ha dado por leer algunas tragedias griegas. Se supone que fueron los griegos los que inventaron ese género, y no ha dejado de escribirse y representarse desde entonces. Tras lo leído, quisiera comentar el duro papel que tienen las protagonistas femeninas. Son éstas las que llevan todo el peso de tanta desdicha y tanta sangre como se vierte en tales tragedias.

 

En Medea de Eurípides, la tragedia se desata por un amor que desemboca en celos, venganza y muerte. En Electra de Sófocles, volvemos a tener el mismo menú servido en tres platos: amor, venganza y muerte. Con Eurípides, tenemos nada menos que el personaje de Fedra donde se repite amor, odio, traición, venganza y muerte. Pero vaya muerte y vaya venganza. Nada menos que Fedra deja una nota para que, después de muerta, se cumpla su venganza y caigan todos los que quedan vivos. Creo que un plan tan maquiavélico solo puede urdirlo una mujer. Dejo para el final una comedia, aunque también tiene como protagonista a una mujer, Lisístrata de Aristófanes. Este personaje femenino debería de ser un ejemplo para todas las feministas actuales que buscan la igualdad con los hombres.

 

La comedia de Aristófanes pretendía denunciar la desigualdad ya existente entonces y la incapacidad de los hombres para resolver el eterno conflicto bélico griego. La solución la pone Lisístrata. ¿Y quién era Lisístrata? Supongo que la primera feminista o, al menos, la primera mujer que hizo valer su feminidad. Lisístrata conspiró con otras mujeres para hacer dejación de su sexo hasta que sus esposos decidieran ponerse de acuerdo y cesar las hostilidades bélicas, cosa que lograron.

 

Al cabo de tantos siglos, las demandas del feminismo en todo el mundo son muy diferentes y algo se ha conseguido después de todo. Es cierto que quedan por resolver muchas cosas para lograr una igualdad justa y razonable. Pero el problema de ahora es que existen dos feminismos: uno intelectual, sensato y racional que quiere compararse en derechos a los hombres, pero sin perder un ápice de su feminidad y otro feminismo vocinglero de esas mujeres que se envuelven con la bandera LGBT y que sólo buscan parecerse a los hombres, pensando quizás, que comportándose igual tendrán los mismos derechos, esas que fuman como carreteros, que beben y juran como piratas del Caribe y que quieren esconder su feminidad dejándose bigote y las piernas como faunos. Eso sí que es una tragedia.

 

Rafael Escrig

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Divendres, 24 Juliol 2020 10:07

Las pelis americanas

La inmensa mayoría de las películas que se producen en Hollywood adolecen de determinados tics, que a nadie se le pueden escapar a poco que se fije. Yo, al menos, como es muy difícil que me atrape una película, me entretengo buscándolos hasta que pesco alguno. Vamos a repasarlos: En las escenas del desayuno familiar, al padre siempre lo veremos dando un trago al café, al tiempo que se pone la chaqueta y sale disparado de casa. Lo mismo sucede con los hijos universitarios. En las películas policiacas, veremos las peleas, salidas por la puerta trasera del bar, persecuciones, el policía corrupto y los inevitables helicópteros. Pero destaquemos el más chocante, ese en que el mejor agente de la comisaría, a pesar de su efectividad es criticado y tiene que devolver la placa y la pistola, que deja furioso sobre la mesa del comisario jefe. Si hablamos de las escenas de sexo, todas comienzan entrando por la puerta del apartamento y quitándose la ropa el uno al otro a empujones contra la pared. Después vendrá lo del cigarrillo, y lo de levantarse ella arrastrando la sábana hasta el aseo. Otro patrón es cuando llegan a casa y lo primero que hacen es servirse una copa de vino a palo seco, nada de unas tiritas de jamón, ni unas aceitunas, nada de nada. Supongo que, debe hacerse como promoción de la industria del vino de California. Veamos cuando uno se mete en la cama para dormir. ¿Alguien puede dormir con un foco de luz en la cara? Pues en las películas sí. Y hablando de luces, cuando alguien entra en una casa y le da al interruptor, se encienden todas las luces de la casa hasta la más pequeña. Todo encendido. Y cuando se van, ¿las apagan? ¿Verdad que no? Dan un portazo y adiós. Y qué me dicen cuando las escenas están más interesantes, con acción e intriga, incluso con un forcejeo entre el malo y el bueno, ¿no es verdad que todo ocurre en la oscuridad más absoluta y no puedes enterarte de nada? No es que yo vea poco, es que no se ve nada y tienes que preguntar al de al lado lo que ha pasado. Las escenas bajo la lluvia merecen una reflexión. En toda película que se precie hay una conversación bajo la lluvia sin que nadie se inmute. ¿Acaso es normal que esa gente no se refugie cuando está lloviendo a cántaros?  Y qué me dicen de salir de un taxi y darle un billete al taxista diciéndole que se quede la vuelta. ¡Pero si no te ha dicho cuánto es la carrera! Bueno, ya ven que esto es un no acabar, pero lo más increíble es el asunto del aparcamiento. ¿Cómo es posible que cuando tienen que ir con el coche a alguna parte, siempre tengan un hueco en la puerta? Voy a dejarles aquí un momento. Seguiré buscando y ya les contaré.

 

Rafael Escrig

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Divendres, 19 Juny 2020 09:47

La pandemia

Una pandemia como esta que aún estamos sufriendo nos pone a la vista la realidad del ser humano que no es otra que sus flaquezas: el límite de nuestra resistencia, el heroísmo junto con el egoísmo, la irresponsabilidad, el cinismo, la crueldad y el instinto de supervivencia. Y entre todas estas debilidades, nos surge ese dilema que aparece en todas las situaciones límite. El dilema de tener que optar entre quién muere o quién no muere.

 

El dilema de tener que decidir cuántas vidas cuesta el sostenimiento de nuestra economía. Tener que elegir entre que mueran infectadas cien personas o que un millón de personas se queden sin trabajo. ¿Cuánto vale la vida humana? La vida humana vale mucho para uno mismo y sus seres queridos. Mucho menos para el entorno que le rodea. Muy poco para quienes deciden por él sobre la marcha de un país y nada en absoluto para el resto del mundo.

 

Todo se reduce a resolver ese dilema y creo que ya se resolvió hace tiempo. Desde que escuché esa noticia de la mujer que se cansó de llamar a urgencias para que ingresaran a su marido de setenta años (anciano, según la clasificación oficial), con síntomas claros de coronavirus. La ambulancia nunca llegó, priorizó la atención a otra persona más joven. Se podría decir que esto tiene su disculpa porque la persona joven tiene más vida por delante. Más vida para producir, para consumir, para pagar impuestos, y el pobre “anciano” ya lo ha dado todo, qué importa si muere. El dilema se resuelve cuando ya tenemos decidido que una persona joven vale más que un jubilado, más una persona rica que una pobre, más un blanco que un negro, más un conocido que un desconocido, más el que tiene influencias que el que no las tiene.

 

El valor de una persona está en esas cosas, queramos o no. Frente a esta pandemia, el dilema se resolvió desde el principio, morirían los más mayores (los ancianos) y, como ocurre en una guerra de verdad, las vanguardias (médicos y sanitarios) los que van delante recibiendo de cara todo el fuego. Y en la retaguardia están los que deciden, claro. Los que deciden quiénes y cuántos han de morir. Todo es una cuestión de números.

 

No se acuerdan de Trump que dijo que si morían cien mil estadounidenses sería un éxito?

 

Rafael Escrig

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