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Divendres, 20 Setembre 2019 10:40

La firma

Todos los días escribo una media de 3 a 4 horas preparando artículos, entradas para el blog de Facebook, ideas y correcciones. La mitad de ese tiempo con el ordenador y la otra mitad consumiendo tinta de mi Faber Castell, con un café delante. Y a propósito de mi Faber Castell, en las noticias de las tres de la primera cadena, he visto a no sé qué personaje, de no sé qué institución, firmando un documento oficial —creo que se trataba de un acuerdo entre partidos— con un bolígrafo Bic normal, el azul de toda la vida. ¿Sería que estaba sobre la mesa y lo tomó por estar más a mano, o ya lo llevaba en el bolsillo de su camisa? Supongo que lo primero y supongo también que el individuo en cuestión, con esa actitud, debía ser un personaje práctico, alguien que se preocupa más del contenido que del continente, una persona —sigo suponiendo— dedicada a su trabajo, que no le importa hacer todas las horas que sean necesarias y en lo que menos piensa es en el postureo. Supongo que era alguien de cierta importancia (aunque estemos hablando de políticos), y pienso que esa persona que firma un documento oficial con un Bic que encuentra sobre la mesa, debe de ser alguien pragmático, serio, que sabe dónde radica el verdadero valor de las cosas, que no es superficial y que se entrega con rectitud al trabajo. Debía ser alguien, y sigo suponiendo, que no se esfuerza por salir en la foto y no fuerza la sonrisa porque a él lo que le importa de verdad es que la firma de ese acuerdo que pone al pie del documento, sea un buen acuerdo para todos. Supongo también, y eso lo imagino por la forma en que firmó: de pie y con buena letra, que a pesar de que acuse los problemas de su cargo, se acuesta todos los días con la conciencia limpia. Pero, espere un momento, si todo esto es así, como supongo que es, no podemos estar hablando de un político, no es posible. Debo de haberme equivocado, la noticia estaría relacionada seguramente con el deporte, con el futbol, supongo. No, no, esperen un momento, tampoco es posible que se trate de un directivo de algún club de futbol. Entonces ¿quién sería ese menda intachable? A ver si no eran las noticias sino un reportaje de la 2 y el que yo vi firmando un documento con un Bic, en realidad era otra cosa. Todo puede ser, a esas horas estoy medio dormido. 

 

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Traje de sastre. Esa es la solución para muchas mujeres a la hora de ir a trabajar.  Si existe algún inconveniente a la hora de vestir correctamente en el ámbito profesional es que la mujer no cuenta con un código de vestimenta claro con el que no pueda fallar en su elección. Y es que del mismo modo que le sucede en la parte profesional, le ocurre en otros ámbitos de la vida.  El Protocolo Social, establece unos códigos de vestimenta claros a través de la herramienta que denominamos Etiqueta, y en ese caso, el vestir de la mujer depende del hombre. Es decir, si para el hombre se indica etiqueta de Frac o Smoquin, la mujer debe vestir de gala, mientras que si el hombre tiene indicado el uso de un traje chaqueta –pantalón con corbata, la mujer debería elegir un vestido corto, de sastre o cóctel, en función de la ocasión puntual y lo que se requiera en cada momento. 

Dicho esto, es fácil pensar que la mujer intente imitar la vestimenta de los hombres  en el trabajo para ganar presencia y autoridad profesional, e incluso como símbolo de pertenencia a un determinado sector. Pero la pregunta es cómo transmitir esa autoridad. Existen en la moda varios elementos en la vestimenta que pueden recordar a algunos detalles de los uniformes que utilizan los cuerpos de seguridad del Estado. Son muy sutiles porque se introducen en la moda como tendencias y apelan a nuestra parte inconsciente para transferir a su marca personal e imagen una serie de valores. ¿Cómo podemos encontrar identificados en la ropa esos detalles? Mediante hombreras, uso de solapas en los hombros, botonaduras en las mangas de la chaqueta, algún broche, etc. Son muchas las posibilidades que existen para que la ropa proyecte poder, prestigio y, lo que más nos interesa comercial y empresarialmente, confianza.

Este es un hecho a tener muy en cuenta, ya que si os fijáis cuando la mujer sale de la vestimenta más clásica con cierta reminiscencia  al vestir masculino en el trabajo, puede pecar de ir “excesivamente arreglada para la ocasión” e incluso, en ocasiones, que sea difícil discernir entre si va a trabajar o si va a una fiesta. Las posibilidades de vestimenta de la mujer son muy amplias. El abanico es inmenso y aunque es positivo tener donde elegir para reafirmar y remarcar los gustos y las personalidades diversas que existen en la sociedad, hay que extremar el cuidado a la hora de elegir nuestro dress-code (código de vestimenta) en el trabajo. Nuestra imagen personal y nuestro prestigio profesional pueden verse afectados si no se realiza una correcta elección.

 

Paloma Silla

Consultora en Comunicación, Imagen y Protocolo. 

 

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Divendres, 29 Desembre 2017 12:06

¡Es lo que hay!

Suelo tener a mano un libro de ensayos. Alguno que no me obligue a una lectura continuada; un libro de ensayos que pueda ir leyendo en los ratos perdidos. Este es el caso del que tengo ahora entre manos. El autor, Piergiorgio Odifreddi, es un pensador que dice cosas como “La vera religione è la matematica, il resto è superstizione”. Odifreddi, matemático y filósofo nos hace reflexionar a cada paso y nos fuerza a cuestionar todas las ideas preestablecidas, las conocidas como verdades oficiales. Odifreddi nos advierte sobre las tradiciones y nos invita a replantearnos tanto la religión como la filosofía o la ciencia. Nos invita a la crítica que es lo que nos lleva a examinar e interpretar aquello que se nos presenta como algo incontestable. Con la crítica, juzgamos y nos creamos una opinión propia, todo lo contrario de lo que resulta de creer por el cómodo método de la fe. No hemos de tener miedo ni pereza en cuestionarlo todo, al contrario, hemos de hacerlo. Las cosas si no son analizadas por uno mismo nunca pueden llegar a entenderse. Leer y reflexionar sobre esas verdades establecidas es lo que nos hará libres. 

Las verdades preestablecidas son legión en el campo de la religión y en el de la historia. Estamos a punto de abandonar esas fechas festivas de diciembre que para unos pueden representar unas fechas aciagas, por lo que tienen de obligado cumplimiento y de gasto, para otros son fechas muy especiales por lo que tienen de diferentes y para muchos otros, fechas totalmente entrañables por lo que representan. ¿Y qué es lo que representan? Representan algo que se supone que sucedió, pero que no sucedió realmente. Hablamos de la Navidad, claro. La Navidad o nacimiento de Jesús, es celebrada por el cristianismo desde los primeros siglos de nuestra era. Precisamente fue el Papa Julio I, allá por el año 340 de nuestra era, el que fijó el día 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús. Pero cuando caemos en la cuenta de que Jesús no nació necesariamente un 24 de diciembre, de que los archiconocidos Reyes Magos de Oriente, no llegaron a Belén un día 6 de enero. Cuando se cae en la cuenta de que probablemente no hubo un niño Jesús tal como nos explican, ni tampoco unos magos, ni una estrella tal como nos la pintan. Cuando se cae en la cuenta de que todas las celebraciones y vírgenes del culto católico derivan de fiestas y de diosas paganas. Cuando la presión de la sociedad occidental se hace tan fuerte que no te puedes resistir, y te das cuenta que el único dios es el dinero y que la única religión es el comercio, no tienes más remedio que colgar un árbol de Navidad, comer polvorones y comprar, comprar y comprar compulsivamente hasta quedar extenuado. La reflexión, en este caso nos muestra dos opciones: o seguimos la versión oficial y celebramos piadosamente el nacimiento de Jesús o vamos por nuestra cuenta de cabeza al consumismo. Ambas opciones son igual de irracionales pero, como ahora se dice, ¡es lo que hay! 

 

Rafael Escrig

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Ningún ser humano sabe cuándo llegará su última hora. Tal vez mañana tras la muerte hayamos pasado al estado de las almas: hoy nos llamamos seres humanos y mañana almas. Y probablemente como alma nos conoceremos tan poco como nos hemos conocido siendo seres humanos, pues la mayoría de personas viven dejando pasar los días cultivando su ego y quizás sus programas de adicciones, en una época en donde la oferta de adicciones es cada vez mayor.

Muchas personas sin embargo no saben o no quieren saber qué actúa detrás de su conducta mundana e instintiva, apenas son conscientes de quiénes son realmente, de hecho no se rinden cuentas a sí mismos, ni asumen la responsabilidad de lo que hacen o se abstienen de hacer. Lo que significa que con toda probabilidad tampoco se conocerán mañana siendo almas, ya que quien no se cuestiona sobre su vida, sobre su forma de pensar, hablar y obrar, se desconoce a sí mismo.

El estar aturdido en el egocentrismo y en otros programas de adicción puede durar largo tiempo. El tiempo que transcurre hasta que un alma se desprende de sus programas de adicción puede estar, según sean las circunstancias, manipulado por varias seducciones, pues son muchas las influencias. Hay diversas formas en las que el egocentrismo y la adicción de un alma se acoplan a seres humanos, es decir a personas que viven en la Tierra.

Para aclarar esto se puede poner un ejemplo: un ser humano que es adicto a algo y fallece hoy, mañana como alma se volverá frenética con toda probabilidad, puesto que su programa de acción emerge con poder y quiere manifestarse sin que le sea posible satisfacer la adicción, ya que no posee cuerpo material. Como es bien sabido cuando la adicción de una persona no puede satisfacerse de inmediato, lo más probable es que la persona pierda los estribos. Pues algo similar puede observarse en las almas: cuando un alma cuyo ser humano se volvió adicto pero ya ahora no puede “gozar” o “hacer uso” de su adicción, lo intentará a través de algún ser humano de adicción semejante, y si no lo consigue se volverá frenética. Podría decirse que la adicción siempre busca a un adicto, y la frustración acumulada adopta entonces formas de frenesí.

Estimado lector sepa que los contenidos de todo lo que queremos, todo lo que hacemos y todo lo que emitimos lo transferimos a nuestra alma. Por eso apartémonos de todo lo innoble, de todo lo que nos presiona y de aquello que está en contra de cualquiera ética y moral elevadas. ¡No se deje seducir! Tengamos mucho cuidado con nuestro cuerpo y con nuestra alma, porque tal como somos hoy como seres humanos, podríamos ser mañana como almas, puesto que ningún ser humano conoce su última hora.

 

 

Mª José Navarro

Extractos de la publicación: “Horror astral”

www.editorialgabriele.com

 

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A muchos animales se les cría para experimentar con ellos en los laboratorios porque los científicos son de la opinión de que los animales no poseen la capacidad de sentir. Con ello se persigue investigar determinadas enfermedades o probar en animales la reacción de nuevos medicamentos, y analizar así cómo reaccionan a los mismos. Pero estemos atentos, ya que desde hace tiempo se sabe que cuando los hombres reaccionan es porque sienten, por lo que cuando los animales reaccionan es que también sienten. Ellos de forma similar a nosotros sienten, sufren y tienen miedo ante la muerte antinatural.

El hombre se ha hecho culpable a causa de su comportamiento contrario a las leyes cósmicas eternas, es decir ha sembrado y siembra a cada instante a través de sus pensamientos, palabras y formas de comportamiento, motivo por el cual recogerá aquello que ha sembrado en el campo de su alma. La simiente se abrirá primero en su alma e irradiará después a su cuerpo. Los efectos que se hacen notar en el cuerpo del hombre pueden ser enfermedades, padecimientos, golpes del destino, soledad, abandono, penurias y muchas cosas más, es decir los padecimientos humanos nada tienen que ver con el azar ni con un Dios malvado o arbitrario, tienen que ver con nuestro comportamiento. ¿Qué culpa tiene entonces el animal inocente si el hombre se autodestruye por sus propias causas, por su siembra negativa?

¿Pueden servir de algo los experimentos en animales cuando las causas de la enfermedad del hombre no se encuentran en su cuerpo, sino en su alma que es desde donde fluye la enfermedad? Un medicamento testado en el cuerpo de un animal y aceptado como bueno no puede curar la causa en el alma del hombre. Por ello ningún medicamento proporcionará sanación verdadera y definitiva, puesto que las causas se encuentran en el alma. Este es el motivo por el cual Jesús de Nazaret sanaba a los enfermos y luego les decía: «Tus pecados te son perdonados, ve y a partir de ahora no peques más»

 

Teresa Antequera Cerverón 

De la publicación: “Tú, el animal. Tú, el hombre”

www.editorialvidauniversal.com

 

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Dilluns, 31 Juliol 2017 18:29

No hay casualidades, el destino estaba escrito

Cada ser humano está marcado por lo que le sucede, tanto en el aspecto positivo como en el negativo. Lo que hoy es y lo que hoy se encuentra en su camino de la vida, lo originó en el “ayer”. El “ayer” significa las encarnaciones previas. Cada uno de nosotros se encuentra en la Tierra como en una escuela para aprender de lo que la vida le muestra. Esto significa que estamos ahora otra vez en la Tierra para aprender de nuestros errores pasados, de lo que todavía no ha sido purificado por nosotros, de lo que no hemos sacado todavía las enseñanzas para nuestra vida. Deberíamos tomar conciencia una y otra vez de que sólo nos puede suceder lo que está ya presente en nuestro plan de vida. Se trata siempre de cosas que no hemos aprendido en nuestras encarnaciones anteriores o como almas en los planos de purificación.    

Por lo tanto somos nosotros mismos los responsables por nuestra vida en la Tierra. Lo que sembremos también lo cosecharemos. Si nos comportamos de forma insensata actuando contra nuestra herencia divina, la ley del amor a Dios y al prójimo y la libertad, tendremos que soportar también lo que resulta de ello. Es decir, el destino de cada uno es su propio destino. Este se compone de todo su sentir, percibir, pensar, hablar, querer y hacer individual. No se graba el mero pensamiento o la palabra “adornada” sino los contenidos. Todo lo que introducimos en nuestros sentimientos, sensaciones, pensamientos, palabras y actos son los elementos que constituyen nuestro destino. Estos los almacenamos en nuestra alma y en los astros correspondientes.

 

Mª José Navarro

De la publicación. “El profeta. La Voz del corazón”

www.editorialgabriele.com

 

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Dilluns, 02 Gener 2017 16:47

La clave para empezar bien el nuevo año

El año viejo ha llegado a su fin y poco a poco se abre la puerta que conduce al nuevo; con curiosidad espiamos a través de un resquicio para ver qué nos traerá. El punto de cambio del viejo al nuevo año, conlleva el hecho de que reflexionemos sobre nuestros buenos propósitos y nos propongamos metas nuevas. No obstante, si deseamos que nuestro nuevo año sea mejor, debemos reflexionar sobre el año viejo, hacer un balance y examinar más detenidamente el “Debe” y el “Haber”, arrepentirnos de corazón de los errores cometidos y arreglarlos en la medida de lo posible y sobre todo en el nuevo año no volver a hacer más lo mismo o algo parecido.

El comienzo de cada año es el momento de los buenos propósitos. Pero seguro que para el año que ya acabó nos habíamos propuesto algunas cosas. ¿Qué sucedió con ellas? ¿Conseguimos lo que nos propusimos el año anterior o lo hemos perdido de vista por el camino y seguimos siendo los mismos de antes?, ¿Por qué a pesar de nuestros buenos propósitos hemos llevado “cosas malas” por ejemplo, a la familia, a nuestros conocidos o al puesto de trabajo? o ¿Por qué continúa nuestra disputa con el vecino? Recaímos en nuestra rutina antigua, ¿por qué? La respuesta la encontramos en la raíz que rara vez nos esforzamos en buscar. Pues creemos que podemos talar lo negativo del árbol, que podemos podar su copa y ya estará todo bien. Pero no es así, deberíamos aprender a encontrar la raíz, cuestionarnos y preguntarnos de dónde viene lo negativo, lo malo.

Muchos creen que viene de otras personas, en general de la sociedad o de los políticos. ¡Oh, no! Viene de nosotros. Viene de nuestra raíz, viene de los programas que hemos grabado. Si encontramos la raíz de esos programas, en muchos casos nos asustaremos de cuántas raíces y raicillas tiene la mata.

Hagamos la prueba y pidamos la ayuda a quien habita en nosotros, Dios, nuestro Padre, sí queremos aprovechar los días, las semanas, los meses del nuevo año. Jesús de Nazaret nos dejó la clave: «Lo que quieras que otros te hagan a ti, hazlo tú primero a ellos». Si obrásemos en consecuencia, cada pensamiento sería un rayo de sol, que traspasa con su luz los hechos y las obras, y de esa forma haría felices a los hombres y a los animales, a todo el medio ambiente. Entonces el hombre, los animales y la madre Tierra estarían en unidad y en la Tierra habría paz.

 

Mª José Navarro

Del programa: “Un año nuevo. Una vida nueva”

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Dilluns, 12 Desembre 2016 12:31

La felicidad en las personas mayores

Los tiempos navideños, el final del año y el inicio del nuevo son propios para que, entre los seres humanos de nuestra cultura, se produzca un balance relativo a la satisfacción de nuestras expectativas en el tiempo pasado y la expresión de deseos de felicidad para el futuro.

De manera más o menos consciente, dedicamos mucho tiempo de nuestra vida a actividades que tienen que ver con la búsqueda de la felicidad sin que generalmente nos paremos a reflexionar acerca del alcance del propio concepto que, según el diccionario es el “estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”, o bien la sensación de bienestar que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos en ausencia de necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten. 

Más o menos así reza el credo utilitarista de John Stuart Mill (1806) al aceptar el “principio de la mayor felicidad” como fundamento de la moral, entendiendo de forma sintética, por felicidad el placer y la ausencia de dolor, y por infelicidad, el dolor y la ausencia de placer.

El sentimiento de felicidad es un concepto indeterminado con implicaciones en las  características individuales, sociales o culturales de cada cual y cuya concreción ha preocupado siempre a los estudiosos: una descripción esquemática se contiene en la conocida “Pirámide de Maslow” (1954), teoría que trata de jerarquizar las necesidades básicas de las personas partiendo del supuesto de que todos los individuos tienen cinco de ellas que desean satisfacer, de tal modo que una necesidad satisfecha no es motivadora del comportamiento, pero una insatisfecha genera malestar y desasosiego hasta su cobertura; por ejemplo, la necesidad de alimento no tiene efecto motivador apreciable sobre la conducta hasta que el alimento falta.

El primer bloque está constituido por las necesidades fisiológicas (alimentación, agua, aire, descanso, aseo), que nacen con la persona y la acompañan toda su vida. 

En un nivel inmediatamente superior surgen las necesidades de protección o seguridad (ante el daño probable, el peligro y las amenazas) así como un deseo de aceptación social, afecto, amor, amistad, pertenencia a grupo o familia.

Superados estos dos grados, surge el de las necesidades sociales, de pertenencia a grupos o asociaciones, de relación e interacción social sobre base afectiva.

Y en la misma línea de relación con los semejantes aparece el bloque de las necesidades de autoestima (autonomía, éxito, prestigio, respeto y admiración por otros).

Resuelve el escalafón el bloque que tiene que ver con las necesidades de autorrealización, proyección individual, autodesarrollo y perfección personal, bloque que solamente aparece en aquellos individuos que consideran superados los anteriores.

Estos cinco tipos de necesidades están ordenados jerárquicamente en pirámide, según su importancia. Así las necesidades inferiores serían las fisiológicas y las más elevadas, las de autodesarrollo. Por ejemplo, si una persona se está muriendo de hambre o tiene una necesidad perentoria de ir al lavabo (entiéndase), es improbable que intente satisfacer sus necesidades de consideración y estima o de autorrealización sin haber resuelto esas urgencias con anterioridad. Según Maslow, cuando una de estas necesidades se encuentra razonablemente satisfecha en un individuo comienzan a predominar en su conducta las necesidades del nivel inmediatamente superior. 

Es lógico deducir que la humanidad buscando el mismo objetivo a lo largo de los tiempos haya superado las bases para que la mayoría de las personas vean, al menos   parcialmente satisfechas cada una de estas necesidades, si bien, por su propia naturaleza,  las inferiores (en la base de la pirámide)  suelen quedar más satisfechas que las superiores. De acuerdo con esta teoría, el ciudadano medio satisface sus necesidades fisiológicas en un 85%; las de protección en un 70%; en un 50%, las sociales; las de consideración y estima, en un 40% y en un 10%, las de autodesarrollo.

Por su parte, en una línea y con propósitos semejantes, el médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung, (1875-1961) plantea cinco causas de la felicidad, a saber: 1. Buena salud física y mental; 2. Buenas relaciones personales y de intimidad, tales como las de la pareja, la familia y las amistades; 3. La facultad para percibir la belleza en el arte y en la naturaleza; 4. Razonables estándares de vida y trabajo satisfactorio; 5. Visión filosófica o religiosa que permita lidiar de manera satisfactoria con las vicisitudes de la vida.

La teoría se acomoda a una observación de la conducta humana, con deducciones lógicas; así, sin salud, es difícil disfrutar de los otros puntos, resultando el  segundo, sustento del primero, ya que una vida sin intimidad y sin relaciones afectivas hace que sea prácticamente imposible no sólo tener salud mental, también salud física.

El placer derivado de la percepción del arte y la naturaleza se acentúa cuando se han superado los factores anteriores. El cuarto punto de esta escala se sustenta en los anteriores y tiene que ver con la calidad de vida en general; finalmente, el quinto punto viene a ser una especie de comodín del conjunto, ya que a falta de otros factores en la lista, una visión filosófica o religiosa permiten generalmente superar el sufrimiento.

Cualquiera de estas dos estructuras que hemos apuntado u otras similares que puedan plantearse en la misma línea tienen el problema de que no resuelven dónde está el corte entre las necesidades a satisfacer desde el propio sujeto y las que van a depender del concurso de la sociedad.

Para reflexionar acerca de la felicidad en las personas, hay que destacar que el ser humano no reacciona ante los estímulos, sino ante la interpretación que hace de ellos, lo que explica claramente la importancia del aprendizaje y del factor social y medioambiental. (En una situación idéntica, un sujeto puede encontrarte muy feliz, al tiempo que otro está absolutamente descontento.)

Y para asociar cuanto llevamos expuesto con  el título de este trabajo hemos de concluir afirmando que la percepción del bienestar y de satisfacción de necesidades varía en función de las generaciones y de la experiencia anteriormente vivida. Viene al caso a este respecto una  reflexión considerada como memorable: “Las personas que han padecido guerras, privaciones, pobreza generalizada y ausencia de servicios afrontan las necesidades de su vejez con escasas exigencias”, cita de las Jornadas de Defensores del Pueblo en 2005. 

En una reciente tesis relativa a “El Maltrato a las Personas Mayores”, se exponen los resultados de un trabajo de campo en el que se presentan a los encuestados (personas mayores institucionalizadas en centros de Castilla La Mancha y Comunidad Valenciana con resultados similares) una serie de hasta siete siluetas de caras que expresan desde la mayor tristeza a la mayor alegría, de tal modo que el interpelado se identifica con la silueta que más se asemeja al estado en el que él mismo se considera. Si establecemos la opción “normal” en la respuesta como una adecuada percepción del bienestar, podemos decir que casi el 70% de la muestra tiene una percepción positiva, destacando el volumen de quienes declaran hallarse “alegre, muy alegre, extremadamente alegre” con un total que se aproxima al 40%, mientras quienes se declaran extremadamente “tristes, muy tristes o tristes” rondan el 30%, porcentaje muy similar al de aquellos que dicen sentirse normal. 

Del estudio se deduce también que el estado de salud es relevante para una percepción de bienestar personal positiva, alcanzando el 80% de “alegre” con un estado de salud regular, bueno o muy bueno, constatándose que los acontecimientos que se oponen al bienestar vienen a ser, por este orden, el fallecimiento de próximos y el deterioro físico propio o del compañero, otorgándosele escasa relevancia a otras cuestiones bien de índole económica o relacionadas con cambios de vida o traslados de familiares e  incluso el divorcio propio o de parientes próximos. 

Sobre la base de lo aquí expuesto venimos a concluir con la consideración de que las personas mayores tienen una percepción positiva de su bienestar, o sea, que se encuentran mayoritariamente dentro de un estado positivo de felicidad.

No disponemos de un trabajo de campo en la línea expuesta y que esté referido a personas “no mayores”, pero mucho nos tememos que los niveles de felicidad pudieran  no ser tan satisfactorios, lo que, a primera vista, pudiera resultar paradójico.

Las personas que aquí llamamos mayores nacieron en crudos tiempos de guerra civil y posguerra. Se trata de una generación que vivió unida a la privación, la austeridad y el sacrificio, tanto desde el punto de vista social como en el propio ámbito de la familia y que, en general, “afrontan las necesidades de su vejez con escasas exigencias”, como hemos referido anteriormente.

La nación estaba empobrecida y las prestaciones públicas eran muy escasas y de calidad manifiestamente mejorable: desde las vías de comunicación a los medios de transporte, infraestructuras, servicios diversos y suministros de toda índole. Algunos productos alimenticios eran también limitados en cantidad, calidad o variedad. Y todo ello en el contexto de una sociedad extremadamente crítica y un tanto represora con las conductas individuales.

Como el ambiente era general y la problemática se venía asumiendo desde la más tierna infancia, la vida transcurría en un ambiente de conformismo al que contribuía la extrema escasez de dinero con que había que afrontar la realidad: el trabajo era poco remunerado y sus condiciones, insuficientemente reguladas: a falta de mecanización, en muchas ocasiones era preciso el esfuerzo físico; las condiciones de vida tenían sus carencias en los propios hogares: como no existía la televisión, se escuchaban las pocas emisoras de radio que emitían; si no se poseía instalación de calefacción, pues se encendía la chimenea; la cama se caldeaba con una bolsa de agua caliente si la había.

A falta de medios de transporte, los pocos desplazamientos de realizaban andando o en bicicleta; para ir a la capital desde los pueblos, se cogía el coche de línea; los más pequeños solían utilizar los vestidos de sus hermanos o parientes mayores… Y en este clima de generalizada y forzosa austeridad transcurría la vida de un modo más plácido de lo que cabría pensar. Ni qué decir tiene que en las zonas rurales (tan numerosas en aquella época) las condiciones de vida eran todavía más inhóspitas que en las ciudades.

El desarrollo económico, tecnológico y social ha sido tan grande y rápido que las nuevas generaciones han perdido de vista en muy pocos años aquel estado de cosas, cuya sola referencia les produce cuando menos indiferencia, puesto que ahora lo que se exige y de lo que se habla es de “derechos” por doquier: a servicios sociales de primer nivel, a una educación de calidad, a un puesto de trabajo bien remunerado, a vivienda en buenas condiciones de comodidad y confort, a todo tipo de infraestructuras, a subvenciones, a vacaciones, a subsidios, a un poder adquisitivo suficiente para cubrir todas nuestras expectativas.

Y en lógica consecuencia, cuando no se logra que todas esas exigencias sean satisfechas convenientemente, existe el riesgo de sentir frustración y consiguientemente, percepción de infelicidad. 

Volviendo a la cita del principio, “las personas que han padecido guerras, privaciones, pobreza generalizada y ausencia de servicios afrontan las necesidades de su vejez con escasas exigencias”. Y de aquí que nuestros mayores tengan esa percepción de bienestar en contraste con estas nuevas generaciones que han vivido y viven en una cierta opulencia y con acceso a todo tipo de comodidades graciosamente otorgadas.

Sea en el ámbito familiar o en el institucional, nuestros mayores ven transcurrir su envejecimiento desde una perspectiva que mejora todo lo vivido y que afecta tanto a ellos como a sus descendientes. Disfrutan de servicios confortables, mayoritariamente gozan de una buena atención y ven crecer a sus hijos y a sus nietos con unas perspectivas que ellos no habían soñado.

Nos atrevemos a vislumbrar un cierto contraste derivado de la diferente percepción del bienestar que pudiera darse en un futuro,  cuando lleguen a esa situación las personas de generaciones menos acostumbradas a sufrir.

 

Ernesto García Sánchez

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Dimarts, 20 Setembre 2016 17:03

¿Por qué las mujeres seguimos discriminadas?

¿Cuál podría ser el motivo por el que todavía las mujeres tengan que ganarse con más esfuerzo que los hombres una mejor posición o incluso sus derechos? Se podría achacar a la discriminación que aún ejercen los hombres, tal vez a las mujeres mismas, pero sobre todo a la tradición que influye fuertemente en nuestra sociedad y también a una filosofía anquilosada. Ciertamente la tradición católica marca la pauta de muchos comportamientos actuales en la vida del occidente cristiano, pero cuánto de verdaderamente cristiano hay en las antiguas tradiciones que han llegado hasta nuestros días y cuánto hay de eclesiástico-dogmático.

A menudo las cosas se aceptan sencillamente como son porque así las hemos heredado, sin cuestionarnos si son correctas, buenas o acertadas. A la norma o a la enseñanza de Jesús de Nazaret en relación a las mujeres no se le puede reprochar nada, no así a las machistas normas de la Iglesia, las que deberíamos haber cuestionado hace ya bastante tiempo. Se sabe que existe una igualdad real de derechos, pero si se valora el peso que tienen las mujeres en la sociedad, no se puede obviar que a menudo tenemos un valor inferior, aunque en el pasado era aún más evidente pues las mujeres eran en parte propiedad del hombre y apenas tenían derechos. En los siglos de la inquisición se las rebajó al nivel del mal, de lo pecaminoso, a seres sin alma y esto en los países llamados cristianos. De ahí la pregunta de sí es correcto atribuir toda esta injusticia a Jesús de Nazaret.

 

Ana Sáez Ramírez 

De programa: Libre, atrevida, mujer »que se emite por Sophia TV América

www.radio-santec.com

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