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La Casa de Cultura de Rocafort acull aquest dissabte, a partir de les 11.30 hores, la cerimònia de lliurament dels XXXVII Premis de la Crítica Literària Valenciana, que cada any convoca l'Associació Valenciana d'Escriptors i Crítics Literaris (CLAVE).

D'aquesta manera, la localitat fa un pas més per impulsar la seua política i el seu compromís culturals en acollir el lliurament d'uns premis que convertiran Rocafort en la capital de la literatura valenciana, com ja succeïra el 2014 i el 2013. “És una manera que el municipi siga un referent cultural, que unida al ressorgir de la figura de Machado i a la nostra continuada programació, posicionen una important marca de prestigi a Rocafort”, ha apuntat la regidora de Cultura, Julia Cañizares. “És molt important que el poble siga seu d'aquests premis, els més rellevants de la literatura valenciana”, ha afegit.

Els guardons s'atorguen a les millors obres d'autors valencians publicades durant 2017 en les modalitats de narrativa, assaig i crítica, poesia i literatura dramàtica. Tenen com a objectiu ajudar a la difusió del llibre d'autor valencià i els jurats estan integrats per destacats crítics, representants d'institucions culturals i professors universitaris de Castelló, València i Alacant.

En literatura dramàtica, el jurat ha reconegut ex aequo les obres 'Fuegos', de Lola Blasco, i 'Shakespeare en Berlín', de Chema Cardeña. En narrativa, la novel·la 'Lejos de todo', de Rafa Cervera, ha sigut premiada per la seua reivindicació literària de València sense complexos o localismes. Per la seua banda, en assaig i crítica, el jurat ha triat 'Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia', d'Adela Cortina, per posar en evidència les patologies socials. I, en poesia, ha sigut guardonat Antonio Praena per 'Historia de un alma', un llibre que posa al descobert les misèries del món contemporani.

Finalment, en reconeixement a la seua brillant trajectòria poètica, el certamen concedeix un Premi Especial al poeta i acadèmic Francisco Brines.

 

Informa Nou Horta. Rocafort

Publicat en Rocafort-VAL
Divendres, 14 Setembre 2018 09:31

La pena capital

Acabo de leer un espeluznante artículo sobre cómo fue el invento de la silla eléctrica y el uso que se le dio para ajusticiar a los reos en EE.UU. Resulta increíble cómo un país civilizado llegó a establecer ese artilugio como herramienta ejecutora. La silla eléctrica vio su implantación al tiempo en que el uso de la electricidad se organizaba en los EE.UU. Hasta entonces se ajusticiaba a los condenados por medio de la horca y era notorio que con ese sistema, el reo no moría al instante, al contrario, pues, en ocasiones, con el cuello roto, no sobrevenía la asfixia hasta media hora después, con el consiguiente sufrimiento innecesario. La electricidad parecía ser un sistema más rápido y, sobre todo, más moderno. Y es ahí donde entraron los intereses económicos de las dos empresas rivales en la implantación de la corriente continua encabezada por Thomas Edison, y la corriente alterna, por George Westinghouse, basada esta en las experiencias de Nikola Testa. Es decir que la silla eléctrica, en cierto modo, sería el campo de pruebas para implantar uno u otro modelo de corriente. Al principio fue el sistema de Edison el que ganó la partida aunque más tarde se implantaría la corriente alterna. La trágica historia tuvo sus comienzos el año 1880 ensayando primero con un número indeterminado de animales como perros, gatos, vacas y hasta caballos que fueron electrocutados para demostrar lo “limpio” del método, un tiempo después, le tocaría el turno a un hombre que moriría tras una horrible agonía en el año 1890 en el estado de Nueva York. El último en morir con este sistema fue en el estado de Virginia, el reciente año 2013.

La pena de muerte, consiste en provocar la muerte a un condenado por parte del Estado, como castigo por cometer un delito señalado en la legislación de ese país. Las formas en que se ejecuta ese castigo son variadas: ahorcamiento, fusilamiento, inyección letal, electrocución, por gas, decapitación y lapidación. Y los seis países que más la aplican son: China, Arabia Saudí, Irán, Irak, Paquistán y Estados Unidos que es el único país de América donde aún está vigente. A lo largo del año pasado 2017, se ejecutaron por diferentes medios 993 personas en todo el mundo. Estados Unidos, contribuyó con 23 ejecuciones y promulgó otras 41 penas más de muerte.  (Datos recogidos por Amnistía Internacional).

Esta crónica ocupa un pequeño capítulo de la historia de la crueldad humana que todavía no ha terminado de escribirse, y que nos podría ilustrar sobre las muchas y variadas formas que tenemos de torturarnos los unos a los otros. Las muertes violentas seguirán existiendo, unas promovidas por los Estados, como las guerras o la pena capital y otras improvisadas por los hombres, a cual peor. Todo ello junto forma parte de la misma barbarie, la barbarie de un animal llamado racional.

 

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