La tejería (9 de 9, FIN)

Divendres, 28 Octubre 2016 14:08 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 1092 vegades

El hijo le entregó el cuaderno a la madre, abierto por la página en la que don Justo refería el asesinato de su padre. Felisa, arrasada en lágrimas, alzó la vista del cuaderno a tiempo de ver a su hijo saliendo de casa con una pistola en la mano. Felisa, espantada, vociferó: “¿Adónde vas con esa pistola? ¿Qué quieres, que te maten como a tu padre?”.

Tras varias horas de intercambio de disparos, los maquis asaltaron el ayuntamiento y dieron muerte a toda la banda de facinerosos. Sacaron los cadáveres a la calle, y los alinearon ante la puerta. Menos el de don Manuel, el alcalde. A este lo dejaron en su despacho, sentado en su sillón, con dos agujeros en el cráneo. Pedro, con evidentes signos de tortura, entró en el despacho del alcalde y levantó del suelo el cuerpo sin vida de Gustavo, y con él en brazos se dirigió a casa de Felisa, flanqueado por los maquis. La aldea parecía deshabitada.  

Algunas semanas después, la prensa extranjera reproducía en primera plana el diario de don Justo. Los guardias civiles del puesto de Ademuz fueron fusilados. Aunque la prensa del Régimen publicó que habían caído heroicamente en una emboscada llevada a cabo por los maquis en la Sierra Tortajada. Felisa y Pedro ya se encontraban refugiados en Francia. Ella estaba embarazada.  

Los vecinos de Sesga renovaban cada día las flores frescas de la tumba de Gustavo. Y el primer acuerdo que adoptó el nuevo ayuntamiento fue cambiarle el nombre a la escuela. No habrá olvido para el maestro don Justo.

 

Enrique S. Cardesín Fenoll

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