La tarde que llegué a La Dacha (1 de 6)

Divendres, 11 Novembre 2016 12:00 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 940 vegades

Yo sabía que Alejandro Villegas estaba escribiendo su primera novela. Él mismo me lo había anunciado. Además de compañeros de trabajo en una revista literaria, éramos excelentes amigos. Pero, sin embargo, yo no había leído ni una sola línea de su manuscrito. Alejandro se justificaba diciendo que no podía dejarme que hojeara su obra porque era enfermizamente supersticioso. Tampoco me refirió nunca que hubiera concluido por fin su libro. De modo que mi sorpresa fue mayúscula cuando oí su nombre en televisión. Yo me encontraba viendo en ese momento un programa cultural. Acababan de entrevistar a mi admirado Joaquín Sabina, un cantante de parla exquisita y voz desgarrada, casi opaca. Entonces, el conductor de tan minoritario programa dio paso a la conexión con Barcelona para conocer el ganador del Premio Planeta: el certamen literario de mayor dotación económica de España.  El comentarista del evento, tras revelar que era una noche de santa Teresa muy agradable, nos obsequió a continuación con la joya de su corona lírica: “El cielo también ha querido sumarse al acto envolviendo este incomparable marco con su esplendoroso y fúlgido manto de estrellas”.  Luego, con ufano gesto de satisfacción, cedió el protagonismo al portavoz del jurado. Éste leyó primero el nombre del finalista, una reputada columnista omnipresente en todas las tertulias televisivas y radiofónicas. Y después, sin prolongar ni un segundo el suspense, proclamó el nombre del ganador: Alejandro Villegas, con su novela Los sueños del castellano viejo. También mencionó que el joven escritor se había presentado al premio bajo el seudónimo de Paco Larra. Al oír pronunciar ese seudónimo, Paco Larra, yo lo relacioné en seguida con Paco Umbral, discípulo aventajado del excelso escritor costumbrista Mariano José de Larra. Y me vino a la memoria la tarde que llegué a La Dacha, años atrás, acompañado precisamente de Alejandro.

 

Continuará...

 

Enrique S. Cardesín

 

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