La tarde que llegué a La Dacha (2 de 6)

Divendres, 25 Novembre 2016 12:05 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 968 vegades

El director de la revista literaria donde desperdiciábamos nuestro talento, un tipo con tanto amor al lenguaje como suelto de lengua, nos había encomendado a ambos una entrevista con el periodista y escritor Francisco Umbral. Y así es como nos presentamos en La Dacha -que de esta manera se refería el escritor galardonado con el premio Cervantes a su casa-, situada en la localidad de Majadahonda, en Madrid. Nos abrió la puerta su mujer, María España, y luego ella misma nos condujo hasta la salita-estudio en la que permanecía el autor de Mortal y rosa, el mayor prosista vivo en lengua castellana, en palabras del filólogo Fernando Lázaro Carreter. Umbral estaba sentado en un renovado sillón de mimbre y tecleando su célebre Olivetti de color rojo, que descansaba sobre una mesa camilla. Vestía un pantalón vaquero y una camisa rosa. A sus pies se enroscaba, dulce, cariñosa y somnolienta, Loewe, su gata siamesa. Ni rastro de whisky, en la mesa camilla; sólo agua Solán de Cabras, una cajita de pañuelos de papel y algunas medicinas. Había terminado de escribir la columna que, al día siguiente, bajo el epígrafe Los placeres y los días, le publicaría El Mundo, periódico para el que Umbral trabajaba desde su aparición en el año 1989. Salvo un interregno de dos meses, en los que puso su afilada pluma al servicio del conservador ABC. Aún recuerdo aquel inspirado artículo suyo que decía: “Alguna vez he escrito que las dos claves del ABC son Mingote y la grapa”.  Era invierno. Desde un ventanal se veían el jardín y la piscina. La imagen de la piscina me provocó una impresión sobrecogedora. La hojarasca danzaba, con la finura y elegancia de los delicados cisnes, por la superficie verdosa del agua. Pero también flotaban por ella decenas de volúmenes. La leyenda, pues, era cierta. Umbral arrojaba a la piscina los libros que no le gustaban o que, sencillamente, detestaba. Los angloaburridos (de influencia anglosajona) y los neobercianos (vuelta a la ‘berza’: socialrealismo) sin duda serían mayoría. Pero no tuve ocasión de comprobarlo.

 

Continuará...

Enrique S. Cardesín Fenoll

 

Modificat el Divendres, 25 Novembre 2016 12:07

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