Un asunto municipal en Shanghái (1 de 3)

Divendres, 23 Febrer 2018 12:36 Escrit per  Enrique Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 567 vegades

El concejal de Urbanismo, con su lustrosa cartera de piel en la mano, salió a primera hora de la mañana del Hotel Mercure, en el que permanecía alojado desde la tarde anterior, tras su llegada a Shanghái, en vuelo procedente de París con la compañía Air France. Despuntaba una mañana espléndida, incluso calurosa, ese último día de septiembre, víspera de la Fiesta Nacional de la República Popular China. El concejal se subió a un convoy del metro de la línea 2 y se apeó en la céntrica Plaza del Pueblo. Consultó su reloj. Aún le quedaba algo más de una hora para su cita con el magnate asiático. Esta era la persona que, por medio de los buenos oficios de un financiero de origen colombiano, había propuesto al consistorio de Torrent levantar en la Ronda del Safranar el mayor centro de ocio de Europa. De modo que el concejal se dispuso a pasear plácidamente por la bulliciosa y peatonal East Nanjing Road, flanqueada por comercios de todo tipo y grandes almacenes nutridos de conocidísimas marcas occidentales. “Un país, dos sistemas”, que diría el Pequeño Timonel Deng Xiaoping. East Nanjing Road es una larga arteria que desemboca en el barrio del Bund, donde se encuentra emplazado el antiguo Palace Hotel, y en su renovada cafetería el regidor se debía reunir con ese importante hombre de negocios que albergaba la firme decisión de invertir una extraordinaria suma de dinero en la ciudad torrentina. Una llamada telefónica a la habitación de su hotel le desveló anoche el sitio y la hora del encuentro.

El representante municipal observó, realmente perplejo, la afición de los habitantes de Shanghái a consumir yogures naturales mientras seguían deambulando y contemplando escaparates. Así que se detuvo en una tienda de alimentación y se compró también él un yogur, en envase de vidrio, que ingirió con ayuda de la pajita que se clavaba en la tapa de aluminio. Y curioseando aquí y allá, acabó frente al malecón, con vistas al río Huangpu; y al dirigir su mirada hacia la otra orilla del río, el concejal de Urbanismo se extasió ante la visión del deslumbrante, espectacular y ‘neoyorquino’ distrito de Pudong, el área más moderna de la ciudad, corazón financiero de China, una constelación de rascacielos, entre los que destaca el conocido popularmente como ‘el abrebotellas’, porque su remate arquitectónico, que se ilumina por la noche, tiene la forma propia de un abridor de cervezas. El concejal se entretuvo un buen rato haciendo fotografías con la cámara de su smartphone, para enviarlas a su familia y a sus colegas en el Ayuntamiento por whatsapp cuando regresara al cabo de unas horas a su hotel. Después, enfiló hacia la fachada del antiguo Palace Hotel, un edificio que fue el más grande del país cuando se terminó de construir en 1909, y pulsó de nuevo el disparador de la cámara del teléfono móvil. Dentro del encuadre de la pantalla, inopinadamente, se materializó un vehículo berlina BMW de color negro que acababa de dar un brusco frenazo frente a la puerta de entrada, y un olor a goma quemada se expandió por los alrededores. Del amplio habitáculo del automóvil se bajaron, presurosos, tres individuos pertrechados con armas largas, posiblemente fusiles de asalto AK-47. Las ráfagas de disparos que sucedieron a la irrupción violenta de esos tipos en el hotel provocaron el pánico entre los viandantes del malecón, que comenzaron a correr en todas direcciones como gallinas a las que les hubieran cortado la cabeza. Al concejal de Urbanismo, por su parte, le acometió una parálisis de sus extremidades inferiores en cuanto pisó el último escalón de uno de los tramos de escalera que descienden del malecón, y no recuperó la movilidad hasta que el BMW, de nuevo con todos sus ocupantes dentro, abandonó el lugar con un agudo chirrido de ruedas, que dejó una vibración en el aire como un diapasón en una prueba de audiometría. 

El regidor se extrañó sobremanera de que pudiera acceder sin trabas al vestíbulo del antiguo Palace Hotel pero, de súbito, alguien le tomó del antebrazo, una húmeda y trémula mano, y lo sacó precipitadamente de su interior. Quien lo llevaba prácticamente a rastras por la calle que discurría paralela al malecón era la joven china que ayer lo recogió en el aeropuerto internacional de Shanghái y lo acompañó al Hotel Mercure, y le ayudó con todos los trámites del check-in. Ella hablaba un español bastante fluido y le informó al concejal, mientras ambos se dirigían en taxi al hotel, que trabajaba en una empresa privada de traducción e intérpretes, cuyos servicios había contratado el magnate con quien estaba previsto que el regidor se reuniera al día siguiente. 

 

Continuará...

Deixa un comentari

Assegura't d'omplir la informació requerida marcada amb (*) . No està permés el codi HTML. La teua adreça de correu NO serà publicada.