Un vivo autorretrato (Parte 1 de 5)

Divendres, 12 Febrer 2016 11:52 Escrit per  Enrique S. Cardesín Publicat en Enrique S. Cardesín Vist 890 vegades

A Catherine, por su amistad

 

El policía Abad, antes de sentarse a la mesa para cenar, encendió la tablet al objeto de buscar en Internet toda la información que hubiera disponible sobre la exposición de pintura que se había inaugurado horas antes en el Espai Metropolità d'Art de Torrent (Emat), situado en la cuarta planta del Edificio Metro.  No es que estuviera muy interesado en el arte, pues a decir verdad era bastante profano en la materia, sino que esa noche él tenía encomendada la vigilancia de la sala que albergaba la ‘magna exposición’, como así la calificaba en su portada el primer diario digital local que había consultado, y le gustaba - no podía desprenderse de ese prurito-  estar al tanto de todo lo concerniente a su quehacer profesional.

Abad leyó poco después en otro diario digital que los cuadros que se exhibían en el Emat estaban firmados por el prestigioso pintor José Viñer, nacido en Torrent en 1907 y fallecido en su exilio de Nueva York en 1974. Este artista había estudiado en la escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde coincidió con otro ilustre pintor valenciano, Josep Renau, y ambos fueron alumnos del excepcional maestro, también torrentí, Genaro Palau Romero.

La flamante exposición de José Viñer era la primera que se celebraba en España desde la restauración de la democracia en nuestro país, y el catedrático de Historia del Arte que la comisariaba había declarado en la rueda de prensa previa a la inauguración, que contó con la presencia estelar del ministro de Cultura y del president de la Generalitat, que por fin se había dado cumplimiento al ferviente deseo del pintor: que el reencuentro pictórico con sus compatriotas se produjera en su ciudad natal. Hasta llegar aquí, los museos más importantes del mundo, el Metropolitan, el Louvre, la National Gallery, el Hermitage, habían programado anteriormente esta muestra entre sus exposiciones temporales. 

Abad, como era su inveterada costumbre, se presentó en la comisaría con suficiente antelación. Tras embutirse el uniforme, cerró la taquilla y abandonó el vestuario. Luego se subió a un coche patrulla y se desplazó al Emat, dejándose mecer por el viento marceño que irrumpía suavemente por la ventanilla abierta del vehículo. 

 

(Continuará...)

 

 

Modificat el Divendres, 12 Febrer 2016 12:00

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