El sorteo

Divendres, 23 Desembre 2016 09:46 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 1673 vegades
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Apenas llevaba unos meses trabajando en la multinacional. Aún no había hecho amigos en la nueva ciudad y su incómoda familia quedaba lejos para ir en Navidades. Las pasaría en el piso alquilado, sola, se dijo, fantaseando con una de esas escapadas de fin de año anunciadas en televisión. Se había resignado a comprar una ración congelada de pavo y uvas cuando recibió la invitación de su empresa. Una fiesta de nochevieja en el ático del edificio. Una excentricidad del gerente para singles, oyó rumorear por los pasillos, unos días antes. También algo de un sorteo, entre risas, aunque no logró averiguar nada más. Se vistió con lo mejor que encontró en su armario para la ocasión y acudió en taxi más por aparentar. En el vestíbulo le asignaron una etiqueta roja con su nombre, a ellos vio que en azul. Para el sorteo, le dijeron, pero sin entrar en detalles. Comió más de la cuenta y flirteó con un par de compañeros un poco achispada por el champán. Llegó el brindis, el gerente tomó la palabra, soltó un discursito de agradecimiento y, tras un redoble de tambor, se procedió al sorteo. Primero fueron los azules, resultando ganador un joven becario de administración. Durante unos segundos ella contuvo la respiración presintiendo lo que iba a suceder. Ya no recordaba si había comentado la ilusión que le haría recorrer algún día Suramérica, la selva amazónica o visitar el Machu Pichu. Salió su nombre entre aplausos, vítores y gestos para que se acercara. ¿Os gusta viajar?, creyó escuchar. Por timidez no preguntó cuál era realmente el premio, junto al becario salieron de la sala a un pasillo oscuro. A partir de ahí sus recuerdos estaban borrosos. Confusión, un golpe, la sensación de que la llevaban, que volaba. Al abrir los ojos le pareció ver plantas, selva, oír a lo lejos una voz; el becario la urgía a levantarse. Corrió a su lado sin comprender. Luego vio a las fieras, se encaramaron a un árbol. Horas más tarde, hambrientos, descubrieron a otros como ellos, también de la empresa, también ganadores del sorteo y del brumoso viaje hasta allí. Si consigo regresar, dijo uno, pienso demandarlos, pero esa noche le devoró una pantera. El resto subieron más alto al árbol, añorando la civilización, sus casas, sus aburridas vidas, maldiciendo al gerente, a la empresa y al retorcido sorteo de nochevieja.

 

Ginés Vera