Esas conversaciones

Dimecres, 15 Mai 2019 09:38 Escrit per  Rafael Escrig Publicat en Rafael Escrig Vist 667 vegades
Valora la notícia
(0 vots)

Solemos menospreciar las conversaciones que tienen los jóvenes entre sí. Criticamos su falta de léxico, la vulgaridad de sus expresiones y su dependencia con las redes sociales. Esto lo juzgamos como personas adultas y les miramos por encima del hombro. ¿Pero de qué hablamos las personas adultas?, evidentemente de los temas más tópicos: el futbol, el gobierno, la situación social, y toda esa serie de noticias que nos inoculan en el telediario y que adoptamos como materia para nuestras discusiones. ¿Es esto mejor que lo otro? Yo creo que no y, además, divierte mucho menos. ¿No han observado ustedes que los jóvenes siempre se están riendo en sus conversaciones, tan llenas de sexo y tonterías? ¿Hay algo más divertido que eso?, por supuesto que no.

 

Pero queda por analizar otro sector de la población: los jubilados. Las conversaciones entre jubilados son aún más divertidas. El asunto fundamental es su estado físico. Los jubilados de cierta edad, vamos a decir los que superan los setenta y cinco años, ya no cuentan chistes, ni hablan de mujeres, ni de futbol, la única situación social que les preocupa es la que atañe a su pensión y el único tema de conversación la salud. Podemos pensar que es así porque ya hablaron todo lo que tenían que hablar en esta vida. Pero ellos, entre los cuales me encontraré yo un día de estos, disfrutan también a su manera y han descubierto una forma de amenizar esas conversaciones tan deprimentes compitiendo entre ellos, a ver quién está peor, quién se toma más pastillas, quién tiene más dolencias, más operaciones, más visitas al especialista, más puntos de sutura, más vértebras rotas, más rodillas cascadas… sería un contar y no acabar. Hace unos días escuché una conversación en el autobús entre dos señoras de unos ochenta años. Lógicamente no se conocían de nada, sólo iban sentadas una frente a otra, y como es lógico, la conversación sobre sus padecimientos apareció de inmediato. A los diez minutos la cosa iba empatada, ambas sufrían con similar intensidad y ambas habían pasado por el quirófano para operarse de cosas de importancia equivalente, en fin, todo muy igualado, pero en un momento dado, una de ellas comenzó a despegarse y contó lo de la operación en la cadera, y que para el dolor que tenía siempre en el costado, el especialista le había recetado una medicación que le iba mal para el hígado y que también tenía que hacerse un tac para ver lo de la espalda. Con toda esta batería de nuevos problemas, la otra, al ver que se quedaba sin munición, tras pensar unos segundos, le dijo. -Pues ahora le voy a contar yo lo que le pasa a mi hija. Me bajé del autobús sin enterarme del resultado, una lástima.

  

Rafael Escrig

facebook.com/rafa.escrigfayos

Modificat el Dimarts, 28 Juliol 2020 09:57