Una hora en la tarde

Divendres, 27 Mai 2022 10:07 Escrit per  Rafel Escrig Publicat en Rafael Escrig Vist 170 vegades
Valora la notícia
(0 vots)

Sentado en la última mesa de la cafetería de la que se había hecho asiduo los dos últimos meses, observaba la calle tras un escenario de sillas apiladas para la terraza. Al fondo del local, en una especie de saloncito reservado, se estaba tranquilo. Tenía todos los metros cuadrados para él, y podía entretenerse viendo a través del ventanal a la gente que pasaba por la calle. De tanto en tanto se cruzaba por delante alguien que se dirigía a los lavabos que, como todo el mundo sabe, siempre están al fondo a la derecha, pero ello no perturbaba su aislamiento. El televisor estaba conectada dando las noticias deportivas a las que nadie hacía caso. El sonido era casi inaudible, lo que le ayudaba en su concentración para escribir las dos páginas que debía llenar para la columna del viernes siguientes. Desde la cocina se escuchaba de vez en cuando el clásico ruido de cubiertos y platos. -Qué desagradable resulta el ruido de la vajilla entrechocando -pensó mientras continuaba escribiendo. El vaso de leche a medio consumir le recordó que había dejado el café porque observó que le producía acidez, lo mismo que las infusiones. Había decidido pasarse a la leche que consideraba más saludable y sin efectos secundarios que él notase. Otra idea se cruzó ahora entre lo que escribía y sus pensamientos: la cápsula que le había recetado el médico y que tenía que tomarse media hora después de comer, unos días la olvidaba al quedarse dormido en el sofá y otros como hoy, se la había tomado con el último bocado confundido con otra que debía tomarse por la noche. -No pasará nada, -pensó confiado, hemos de calcular que los laboratorios dan suficiente margen a sabiendas de que ocurren estas cosas. Algo así como lo que hacen los ingenieros de estructuras en sus cálculos de resistencia: 200 kilos de peso por metro cuadrado para el forjado de una vivienda, conscientes que nunca se va a sobrepasar ese peso, hasta que llega un verano y a alguien se le ocurre poner en su terraza una piscina hinchable y llenarla con 3.000 litros de agua para que jueguen los niños, y al día siguiente aparecen todos en el piso de abajo.

 

Alzó la vista del papel y vio que el viento se había levantado por la calle y el camarero se aprestaba a recoger una gran sombrilla que se inflaba y agitaba como si se tratara de las velas cuadradas de una carabela -pensó sin dejar de mirar la lucha del camarero contra los elementos- parecía más bien una gran bandera agitada con fuerza por el viento y su pensamiento se desplazó inmediatamente hacia la película de 007 que había visto la noche anterior, y se acordó de que Bond, James Bond, siempre pedía su vodka con Martini seco, agitado, no mezclado. 

 

Con tal confusión de ideas, se hizo la hora de marchar. -Ya lo terminaré mañana -se dijo en voz alta y salió del local pensando si no sería mejor pasarse al Martini.

 

Rafael Escrig

facebook.com/rafa.escrigfayos